Arquitectura, medioambiente, identidad y compromiso

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25 junio, 2021

La cuestión medioambiental alcanza a todos los campos disciplinares y en lo que hace a la arquitectura, no es un tema a incluir sino una manera de concebirla y entenderla.

A escala global, la pandemia puso en evidencia y sigue demostrando, que necesariamente debemos redoblar esfuerzos para contribuir frente a las asimetrías y trabajar por una sociedad más habitable y sostenible.

La arquitectura interactúa y modifica el medio que la rodea, nos vincula y a su vez plantea y regenera relaciones humanas y con los seres vivos en general, en el entorno/contexto/tiempo.

Las diversas arquitecturas que se van configurando, ponen en diálogo y tensión territorios, ciudades, el ámbito rural, las distintas dimensionalidades y escalas, el medio donde desarrollaremos actividades, relaciones, en definitiva, la vida misma.

Las ciudades si bien son sólo una de las formas de relacionarnos con el medio ambiente, tienen un enorme impacto material y simbólico.

Incorporar desde la concepción arquitectónica la relación con la naturaleza, hace a la condición misma del ser humano, pero esto no se circunscribe meramente al medio físico que la rodea ni a las actividades humanas desarrolladas en él en un momento determinado. Es una parte importante y decisiva, pero también a la hora de intervenir como profesionales que buscamos mejorar la calidad de vida, juegan y se ponen en valor la consideración de elementos inmateriales, donde nos interpelan historia, valores e identidades como pueblos de los que formamos parte.

A lo largo del tiempo, en equipos interdisciplinarios así como desde instituciones y diversos colectivos sociales, se han ido analizando, modificando e intentando conceptualizar la definición y alcances de lo que significa el medio ambiente.


El ser humano y todo ser vivo, aire, aguas, suelos, los elementos materiales que el hombre fabrica y los elementos simbólicos (historia, tradiciones, idiosincrasia), son algunos de los elementos que componen el medio ambiente, cuya preservación debemos garantizar para poder vivir en forma sostenible, tanto presentes como futuras generaciones.


Especificando, podría decirse asimismo que el medio ambiente incluye factores físicos (como el clima y la geología), biológicos (la población humana, la flora, la fauna, el agua) y socioeconómicos (la actividad laboral, la urbanización, los conflictos sociales).



Dimensiones como la formulación y consideración del espacio/tiempo en las expresiones sociales, culturales y en el arte y por consiguiente en la arquitectura, son parte inherente de nuestro abordaje y compromiso como profesionales, así como planificar, construir y construirnos en sociedades más diversas e inclusivas que tengan en cuenta cuestiones de género, accesibilidad, discapacidades.

A través de la historia, el tema medioambiental y su cuidado, así como la participación ciudadana, ha sido materia de manifestación, intenciones y de acciones individuales y colectivas a lo largo y ancho del planeta por diferentes países y regiones.


Por citar un antecedente de peso, la “Declaración sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo de Río” de 1992, que establece: “el mejor modo de tratar las cuestiones medioambientales es con la participación de todos los ciudadanos interesados en el nivel que corresponda” (Principio N°10); más adelante afirma: “…Las mujeres desempeñan un papel fundamental en la ordenación del medio ambiente y en el desarrollo. Es, por tanto, imprescindible contar con su plena participación para lograr el desarrollo sostenible…” (Principio N°20) y en el mismo sentido especifica “…Las poblaciones indígenas y sus comunidades, así como otras comunidades locales, desempeñan un papel fundamental en la ordenación del medio ambiente y en el desarrollo debido a sus conocimientos y prácticas tradicionales. Los Estados deberían reconocer y apoyar debidamente su identidad, cultura e intereses y hacer posible su participación efectiva en el logro del desarrollo sostenible…”.

Argentina ha adherido a tratados internacionales en materia medioambiental.


Recientemente entró en vigencia el acuerdo regional, conocido como “El acuerdo de Escazú”, que se considera un hito histórico para la región y para el mundo. Es un Acuerdo internacional firmado por 24 países respecto a protocolos para la protección del medio ambiente y sobre el Acceso a la Información, la Participación Pública y el Acceso a la Justicia en Asuntos Ambientales en América Latina y el Caribe. Se caracteriza por ser un tratado que fue consensuado por los Estados con participación significativa de la sociedad civil y del público en general, y que confirma el valor de la dimensión regional del multilateralismo para el desarrollo sostenible. Su mayor importancia, radica en vincular los marcos mundiales y nacionales, dado que establece estándares regionales, promueve la creación de capacidades —en particular, a través de la cooperación Sur-Sur—, sienta las bases de una estructura institucional de apoyo y ofrece herramientas para mejorar la formulación de políticas y la toma de decisiones. Ante todo, este tratado tiene por objeto luchar contra la desigualdad y la discriminación y garantizar los derechos de todas las personas a un medio ambiente sano y al desarrollo sostenible, dedicando especial atención a las personas y grupos en situación de vulnerabilidad y colocando la igualdad en el centro del desarrollo sostenible. En cuanto al acceso a la información, en su artículo 6 establece que los Estados deberán recopilar y poner a disposición del público en la información ambiental de forma sistemática, proactiva y actualizarla en forma periódica y en su artículo 7 establece el derecho a la ciudadanía a participar en la toma de las decisiones ambientales y especialmente cuando se trate de acciones que pueden tener un impacto significativo sobre el medio ambiente.


Asimismo, a nivel nacional, en el mes de mayo del presente año, el Congreso de la Nación, aprobó en nuestro país, la “Ley Nacional de Educación Ambiental”, un proyecto que integra los valores de la sostenibilidad a los ámbitos de la educación destinado a promover la concientización y responsabilidad ambiental.


Como queda expuesto, se define a la participación y al abordaje inclusivo, como aspectos medulares en todos los tratados tanto locales como supranacionales y se establece, como una condición fundamental el derecho a la información de la ciudadanía.


En dicho sentido, consideramos primordial la mirada interdisciplinaria, donde Universidades y Colegios Profesionales, se tornan indispensables a la hora de debatir y planificar políticas y acciones en materia de desarrollo y medioambiente.


Por Claudia Mabel Abelen, Arquitecta, Coordinadora de la Comisión de “Desarrollo, Ambiente y Turismo” del CAPBA UNO.


www.claudiamabelabelen.com.ar 

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