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“Esperábamos una recuperación más parecida a una V”

Lunes 3 de Agosto, 2020

Renegociación de la deuda, reactivación económica, inflación, Vicentin, fueron los principales temas que el economista Santiago Taboada, integrante de la consultora Orlando J. Ferreres & Asociados, abordó en una entrevista en Ser Industria Radio. 

Señaló que la actividad económica comienza a recuperarse, aunque aclaró que todavía falta para lograr los niveles previos al 20 de marzo, cuando se decretó la cuarentena. Dijo además que en la segunda quincena de julio hubo aumento de precios, que es correcta la marcha atrás con Vicentin y que la dilación en cerrar con los bonistas “tiene costos asociados”. 

¿Hay una reactivación de la economía argentina?

La economía está recuperándose del pozo en el que caímos con la cuarentena que se impuso en marzo. Tuvimos una baja de la actividad sin precedentes, sobre todo en abril que fue el mes más duro. No tiene comparación por lo menos desde que nosotros medimos el índice de actividad, en 1993. Es cierto que, en los últimos dos meses, conforme se fue flexibilizando la cuarentena en la mayor parte del país, naturalmente sectores que antes producían “cero” como la industria automotriz, pasaron a producir algo. Obviamente aún no se recuperó el nivel de actividad que teníamos en marzo con lo cual todavía hay un trecho por recorrer.

¿Estamos muy lejos de eso?

Todavía falta un poco. Nosotros en particular en junio esperábamos una suba un poquito mayor de la que fue. Para ponerlo en claro, fue un alza mes a mes de la actividad de 1,5% aproximadamente y nosotros esperábamos una recuperación más parecida a una “V”. Todo esto depende de que haya más certidumbre y el panorama sanitario se aclare. En esa medida la actividad puede ir recuperando el terreno perdido desde marzo.

¿En parte esto es porque la gente no tiene recursos y hay muy poca demanda?

Sí, lo que también ocurre es el tema de los salarios con la inflación. Si bien hay caída de la actividad, lo que juega en contra en el poder adquisitivo de las personas es la inflación. A partir de la segunda quincena de julio vimos un alza de precios en relación a las primeras dos semanas del mismo mes, con lo cual eso no sería una buena noticia en materia inflacionaria.

¿Hay un fundamento real para que suban los precios de los alimentos?

Lo que está ocurriendo, es que por un lado tenés los precios regulados, están todos congelados. Después lo que lo que pasó es que muchos alimentos y bebidas tenían aumentos programados para marzo de este año, que con la cuarentena se suspendieron. Con “Precios Cuidados” y después “Precios Máximos”, hubo muchísimos aumentos que quedaron en veremos y el empresario del otro lado tenía costos que crecían dentro de su cadena con lo cual su margen de ganancias estaba más acotado durante estos meses. Por eso algún aumento deberían haber hecho. Además, la demanda no acompaña. Entonces el dilema de un empresario, un comerciante, de alguien que tiene que fijar precios, es que necesita actualizar sus precios para cubrir costos y por otro lado tampoco puede aumentar demasiado o acercarse en gran medida su precio de referencia, porque no le va a comprar nadie.

¿Para el mercado interno que perspectivas hay?

Seguramente seguiremos viendo rebotes mes a mes conforme se vayan habilitando nuevos sectores. Lamentablemente, lo que es por ejemplo construcción, todavía tiene un larguísimo trecho por recorrer, es de los sectores que más sufrió la cuarentena porque prácticamente no puede trabajar con normalidad. Es probable que sigamos viendo una recuperación mes a mes. La pregunta de fondo es cuándo vamos a poder recuperar el nivel que teníamos pre pandemia y sobre todo cómo vamos a llegar a ese momento, cuántas empresas van a quedar en pie, cómo va a estar el bolsillo de la gente. Todo eso va a determinar cómo nos recuperaremos hacia el año próximo que es electoral, con lo cual eso va a tener bastante relevancia.

¿El Gobierno puede seguir manteniendo en el largo plazo los programas de asistencia como el IFE o los ATP?

Mirando los números de las cuentas públicas, no hay demasiado margen dado el contexto que tenemos. La pandemia o la cuarentena van a dejar un entramado social muy delicado, probablemente la pobreza se acerque alrededor del 50% dependiendo de cómo termine en la Argentina. Por un lado, estamos en una situación en la hay que asistir a un porcentaje no menor de la sociedad que habrá perdido su empleo o visto que sus ingresos cayeron a niveles sin precedentes. Por el otro lado, tenés un contexto macroeconómico muy volátil y debilitado, con lo cual se debería buscar equilibrar las cuentas públicas y estabilizar la macroeconomía. Pero no se puede dejar de atender las demandas sociales que van a dejar la cuarentena.

El Gobierno derogó la intervención de Vicentin. ¿Cómo impacta esta decisión en el mercado?

Es positivo que se haya reconocido el error y se vuelva atrás. Lo cierto es que se generaron ciertas dudas en cuanto a cuál es la hoja de ruta del gobierno, cuál es el famoso plan económico que tanto se habló en las últimas semanas. La realidad es que lo que pasó con Vicentín generó cierta incertidumbre. Con una caída de la actividad sin precedentes y negociando la deuda externa, agregar un episodio como el de Vicentin, en el que quería expropiar por decreto una empresa que estaba en concurso de quiebra… Se ha dado marcha atrás, pero el daño ya está hecho y más aún si tenemos en cuenta que estamos negociando con acreedores externos, que estamos muy cerca y el gobierno se planta y dice que no puede pagar más. En el medio quería aumentar el gasto público con la adquisición de una empresa o anuncia una reforma judicial que implica destinar una infinidad de recursos adicionales en el sector judicial. A lo que voy es que la diferencia en materia de deuda es casi 3 centavos por cada dólar que pagaría el gobierno a los bonistas. Si lo medimos en 10 años, es casi 0,6% del PBI y si dividimos ese 0,6% en 10 años nos da 0.06% del PIB, que es nada. No se entiende por qué motivo el Gobierno decidió llevar adelante Vicentín y después se da vuelta y le plantea a los bonistas que no puede hacer mayores esfuerzos, porque eso comprometería el crecimiento de la Argentina en el futuro.

Hasta ahora sólo el 35% de los bonistas aceptaría la propuesta y se habla de una nueva prórroga. ¿Hasta cuándo se pueden extender las negociaciones?

Las negociaciones de deuda en el mundo suelen demorar. De hecho, nosotros lo tenemos bien fresco en la memoria con la reestructuración de 2005. Lo que está pasando en este caso puntual es que el Gobierno hace una oferta pública y establece un periodo para aceptar la propuesta que sucesivamente se va extendiendo. En otros casos de negociación las partes negocian y hacen un tira y afloje de manera privada, con acuerdos de confidencialidad y una vez que se encontraron las posiciones ahí se hace pública la oferta. La estrategia de presentar una oferta, establecer un plazo y si no tiene mucha aceptación extenderlo, genera un montón de incertidumbre en el crecimiento de la economía. Porque alguien que quizá tenía la idea de invertir, seguramente espere a ver qué sucede con la deuda. 

También está el tema de la angustia que generan, sobre todo los indicadores de consumo que mide, por ejemplo, la Universidad Di Tella. Es lógico que demore cierto tiempo más aún cuando se está llevando a cabo un recorte en los montos. Pero tiene sus costos asociados, porque se está sucesivamente postergando la oferta final. Cuántas veces ya escuchamos al ministro Martín Guzmán decir que esta era la oferta final y que el Gobierno no se iba a mover de esa posición. Desde que dijo eso la primera vez hasta hoy mejoró la oferta en 15 mil millones de dólares.