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La repetición de conductas autodestructivas

Darío Ríos

Por

Lunes 1 de Marzo, 2021

En las reuniones familiares, mesas de café, encuentros de empresarios, prácticamente en todos los espacios de diálogo, se debaten ideas, se coincide en diagnósticos dramáticos y surgen dos preguntas. ¿Cómo se sale de esta crisis? ¿Cómo llegamos hasta acá?

No hay dudas que la decadencia económica viene de la mano de la pérdida de credibilidad de la dirigencia y de la sumisión de la moral a la lucha de intereses que se cruzan permanentemente en el seno de la sociedad, arrojando más confusión que claridad.

Hace pocos días vimos, en soledad, al señor Jorge Taddei, el hombre que perdió a su hija Wanda, asesinada en 2010 por Eduardo Vázquez, sufrir por la salida transitoria que el juez Axel López le otorgó al autor del crimen. Este hecho, se produjo precisamente cuando el país atraviesa una etapa de recrudecimiento de femicidios, que manifiestan la creciente pérdida del amor y el respeto por la vida. 

Todos estos repudiables casos de violencia contra la mujer, son la expresión de una comunidad que repite conductas autodestructivas, sumamente contradictorias, que se manifiestan de todas las maneras posibles.

Hace menos de un año se llamó a todos los argentinos a hacer un gran esfuerzo para enfrentar al Covid- 19. El Estado recurrió a sus mandatarios y funcionarios, sumó a la oposición y a los dirigentes sociales, utilizó a los medios y dictó severas medidas para sancionar penalmente a quienes no cumplieran con las restrictivas normas de aislamiento social. Detuvo personas y secuestró los autos de aquellos que salieron injustificadamente de sus casas y pusieron en riesgo la vida de los demás, especialmente de las personas mayores. 

Por estos días, nos enteramos que 3000 vacunas, que debían destinarse prioritariamente al personal sanitario, de seguridad, la tercera edad, los docentes, para salvar vidas y frenar los contagios, se aplicaron a otras personas. Esta irregularidad se “esclareció” con pocas palabras y la renuncia del ministro de Salud de la Nación, Ginés González García. El mismo temperamento aplicado en otros gobiernos ante hechos similares. Todo termina con mucha simpleza, sin consecuencias legales, sin importar que después se conozcan más casos de “colados” en la lista de vacunación.

También se resuelve rápido cuando se descubren sobrefacturaciones de alimentos básicos mientras millones de niños y adultos pasan hambre; o aumentan desmedidamente los medicamentos y el acceso a la salud, que se tornan inalcanzables para los jubilados o quienes no cuentan con obras sociales. 

Ante esto, seguimos inmóviles cuando se pierden 1000 empleos por el cierre del Frigorífico Arre Beef, de Ramallo, integrante del Consorcio Exportador, un caso curioso en el que los trabajadores no se enojan con los dueños, sino con los sindicalistas que los representan. 

Niños pobres, ancianos abandonados, jóvenes sin esperanza, obreros sin trabajo… ¿Acumulamos tanto dolor que se nos endureció el corazón? ¿Perdimos la capacidad de ver y entender lo que pasa a nuestro alrededor? 

Décadas atrás, nadie discutía en nuestro país que el trabajo dignificaba a sus hombres y mujeres. Pero paulatinamente comenzó a instalarse una herramienta política bajo el nombre de “planes sociales”. Subsidios asistencialistas que mágicamente permiten reconocer la dignidad a quienes la perdieron o quizás nunca la tuvieron.

Adiós al concepto de “enseñar a pescar” para institucionalizar el “regalo de pescado”, a partir de los peces que capturan otros, no quienes se jactan de repartirlos. 

Paralelamente, la dirigencia validó que las preguntas complicadas se responden con nuevas preguntas o echando culpas a otros y así, llegamos a esta penosa situación, donde nuestra economía cayó en 2020, en contexto de pandemia, el doble de los países linderos, profundizando los niveles de desocupación, indigencia y pobreza. 

Si seguimos mirando para el costado para no ver nuestras propias miserias, escondiendo la abundante basura bajo la alfombra, vamos a seguir acercándonos al borde del abismo con la inevitable consecuencia de caer a un lugar donde las libertades individuales y la soberanía tan declamada, serán sólo el recuerdo de una aspiración lejana.