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La tormenta no pasó y no será fácil atravesarla

Héctor Darío Ríos

Por

Martes 21 de Julio, 2020

Al cumplirse 120 días de “confinamiento” en el AMBA, el Presidente Alberto Fernández, acompañado por los gobernadores de las provincias más afectadas por el coronavirus y el jefe de gobierno de Buenos Aires, anunció la vigencia de una cuarentena escalonada.

Esto implica la apertura de un proceso gradual, en el que se va a “tratar de volver a la vida habitual”. Admitió el mandatario que será “un mundo diferente que exige más cuidados”. Así se extiende el aislamiento social, preventivo y obligatorio.

El nuevo período culminará el domingo 2 de agosto y en esta oportunidad serán los gobernadores, quienes autoricen los “escalones de actividades”, entre las que se destacan la industria, el comercio y lo que comprende a los profesionales independientes, todos con severos protocolos sanitarios. 

Desde la gobernación de Buenos Aires se aclaró rápidamente que “no es una nueva normalidad” sino “una prueba”.  La ciudad de Buenos Aires, anunció un plan más audaz, con la vuelta de la práctica deportiva al aire libre, la ampliación a toda la semana de los paseos con niños incluso habilitados a ingresar a las plazas y la posibilidad del rezo individual en los templos. Además, se supone que con la seriedad que merece el caso, adelantó un programa de aperturas, paulatino y ambicioso. Las otras provincias afectadas, Chaco, Jujuy y Río Negro, elaboran sus propios planes.

En la Argentina de las mil y una paradojas, como no podía ser de otra manera, el mismo día de los anuncios, se alcanzó el pico de contagios registrados hasta la fecha: 4518 en 24 horas. El ministro de Salud bonaerense, expresó que “es el peor momento”. Pero hay muchos factores que empujaron a tomar la decisión de flexibilizar.

Es el momento de la ciudadanía. La responsabilidad social e individual, se pondrán a prueba. Se estima que, por cada contagiado, hay entre 8 y 10 asintomáticos. Queda claro que podemos estar bien, pero pasarle el virus a otros, si no usamos el barbijo ni respetamos las medidas de higiene sanitaria que, a cuatro meses de iniciada la cuarentena, nadie puede ignorar.

Esto se produce también cuando nuestra economía atraviesa los momentos más difíciles de las últimas décadas. Lo vemos semana a semana: Pymes que cierran o están con la soga al cuello; caída de ventas de los que pueden vender; comercios que tambalean o no volverán a abrir; alimentos esenciales que aumentan pese al congelamiento de tarifas, combustibles e impuestos. En la primera quincena de julio, la canasta básica registró una suba de 3,65%. Un dólar que se escapa en el mercado paralelo, a pesar de todos los controles que se aplican.

En el marco económico, se anunció una nueva moratoria que absorbe a la que inició el anterior gobierno y es, hay que decirlo, tan amplia que se convierte en injusta. Y deja una vez más en evidencia que la presión impositiva no puede soportarse, de otro modo no podría haber tantas moratorias en tan poco tiempo. A la vez, se demoran los lineamientos de un plan industrial, los incentivos a la producción y al consumo.

Se necesita urgente una reforma tributaria y sobre todo financiera, porque si hay un sector que sale airoso de esta crisis, como siempre, es el de la especulación y los bancos. 

Y es momento de demostrar si aprendimos algo. La semana pasada quedó claro que a algunos no les resulta fácil aprender.

Hubo tres claros ejemplos: el conflicto de la lechería, encabezado por ATILRA, dejando al mercado al borde del desabastecimiento de productos lácteos; el bloqueo portuario del SOMU por el cual se perdió la exportación de 700 toneladas de langostinos y la presión de Camioneros a Mercado Libre, que demoró la entrega de 200 mil paquetes de usuarios que hicieron sus compras online, sistema que creció en la pandemia.

De todas maneras, estos sindicatos, los empresarios del sector o ambos, detrás de sus intereses particulares, perjudican a todos los demás.

La tormenta no pasó, falta mucho y no será fácil atravesarla. Pero cuando termine, las conductas mezquinas que ya sabemos que restan, no deben volver. 

Si seguimos repitiendo los mismos errores, las confrontaciones que nos trajeron hasta esta encrucijada plagada de dificultades, ningún esfuerzo tendrá sentido.