La vocación invencible de los emprendedores argentinos

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16 abril, 2022

Los emprendedores motorizan la economía en Latinoamérica. En Argentina, generan el 70% del empleo y aportan el 45% del PBI, según datos del Indec. Todo comienza con un sueño, que luego se materializa y se consolida como una PyME, aunque siempre se continúa emprendiendo.

Los argentinos somos creativos, audaces, confiamos en nuestras capacidades. Esas condiciones son claves y forman parte de nuestro ADN emprendedor que atraviesa las fronteras y permite ver a compatriotas al frente de emprendimientos exitosos en cualquier lugar del mundo.

Argentina rankea en el top ten de países emprendedores tempranos y en ciertas ocasiones, lideró a nivel global. Esto merece un breve comentario, porque las personas emprenden por dos grandes motivos: oportunidad o necesidad. Fácilmente concluimos que, en nuestro país, mayoritariamente lo hacemos por necesidad, impulsados por sucesivas crisis, despidos y la coyuntura económica desfavorable. Eso convive con la intención de ser nuestros “propios jefes” y lograr “libertad financiera”. La combinación de estos factores, despierta cada día a más personas a emprender sus propios negocios.

También interviene el talento y ciertamente, el camino a recorrer no es fácil. Las estadísticas oficiales registran que, en la década previa a la pandemia, nacieron 70.500 empresas por año y cerraron 69.000.

Sin embargo, esté dato duro no amedrenta. En uno de los días más duros de la pandemia, pasaba por una calle vacía, sin autos ni transeúntes y vi una pareja renovando su local, sin saber cuándo volverían a abrirlo. Un símbolo del emprendedor argentino, que es inquieto por naturaleza y abe que no se puede emprender sin innovar.

En una de mis charlas hablo de la importancia de adaptarse, actualizarse, reinventarse y crear nuevos espacios. El mejor ejemplo es el vínculo con la tecnología. Aplicación que no se actualiza, queda fuera de juego. En mi campo de expertisse como analista y consultor PyME, digo que empresa o emprendedor que no lo hace, muere.

En 2020, tiempo de pandemia, lo definió con claridad Andrés Oppenheimer: “diez años de avance ocurrieron en sólo cinco meses”. No se vende igual, no se compra igual, no se paga igual, no se vive igual. 

Este tema es, sin dudas, un disparador necesario para el crecimiento en los próximos años. Innovar no sólo es dar origen a algo nunca antes visto. Es agregar valor tanto al producto, como al servicio a los clientes, al propio perfil. El concepto de valor, hace la diferencia, es el motivo real por el cual te eligen o no y determina la rentabilidad del emprendimiento.

Por eso hoy, más que ayer, tenemos que asumir desafíos. Poner en duda lo que hacemos, buscar mejoras, aunque tengamos muy buenos resultados, animarnos a alterar el status quo.

Optimizar producto, packaging,marca, servicio, equipos de trabajo, entregas, métodos de ventas, procesos comerciales, comunicación, promociones, agenda de trabajo, el propio perfil como CEO, entre tantos otros espacios susceptibles de mejoras.

Un cambio de imagen puede captar, con el mismo producto o servicio, otro target de público y abrir mercados. Un nuevo proveedor puede elevar la calidad de la oferta y recuperar clientes perdidos. Un convenio entre marcas, puede relanzar tu imagen y atraer público que antes no alcanzabas. Un análisis de tiempos en los procesos comerciales o de producción, puede mejorar la productividad, el humor y clima interno y por ende, los resultados.

Por eso, el desafío está en nunca dejar de emprender, definir un espacio para la innovación desde todos los rincones de la empresa y romper el mito de que es un tema reservado sólo para las grandes empresas y requiere mucho dinero.

Argentina está atenta a todo y los desarrollos en la industria de la electromovilidad y la economía circular, son prueba de ello. Estamos en el podio de las fábricas de autos eléctricos de América, que incluso exportan sus modelos.

No menos valioso es lo que pasa en la Patagonia, que es un gran escenario del mundo emprendedor. Hace unos años llegué a Añelo, porque muchos de nuestros clientes están en la zona de Vaca Muerta. Ahí se puede ver el talento transformador argentino y una relación sinérgica entre las grandes empresas y las subsidiarias asociadas al petróleo.

Esa región también alberga a quienes decidieron afrontar el gran desafío del cuidado del planeta y el cambio climático. Personas y empresas que investigan e invierten en proyectos de energías limpias, hidrógeno verde, se vuelven claves para seguir operando de manera responsable.

Estas soluciones requieren de un gran esfuerzo innovador, recursos y compromiso, más allá de las paredes de la propia empresa. Esto requerirá una agenda de diálogo ya que se plantea un escenario de transición donde conviven los hidrocarburos convencionales, no convencionales, las energías renovables y el hidrógeno.

Una perspectiva desafiante que cuenta a favor, una vez más, con la vocación invencible de los emprendedores argentinos.

Por Matías Franco, analista y consultor PyME.

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