“Los productores están pensando en la viabilidad de potenciar proyectos de GNL en Argentina”

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13 julio, 2022

Nuestro país tiene una de las mayores reservas de gas del mundo. Sin embargo, la falta de infraestructura hace que ese recurso no pueda ser aprovechado en su totalidad. De acuerdo a estimaciones del sector energético, Argentina importará GNL por US$ 4413 millones.

El contexto mundial presenta una oportunidad para impulsar la actividad con foco en la exportación. Esto además abre la puerta para que otros sectores también puedan desarrollarse. Para no perder la oportunidad, además de la construcción del tan nombrado gasoducto Presidente Néstor Kirchner, es necesario contar con plantas de licuefacción de gas natural que hagan posible su exportación.

Al respecto, Roberto Carnicer, director del Instituto de Energía de la Universidad Austral y presidente de HUB Energía, explicó que “el GNL es el mecanismo por el cual se enfría el gas, se reduce su volumen 700 veces. Eso permite que ese gas, que antes se movilizaba exclusivamente por gasoducto, se transporte a través de barcos generando un comercio mucho más fluido. Eso es lo que ha sucedido en los últimos 10 años, con una participación cada vez más mayor dentro de la comercialización internacional. El 39% del comercio mundial de gas, se realiza por GNL”.

En contacto con Ser Industria Radio, el ingeniero repasó las diferentes circunstancias que llevaron a que el precio de este combustible tenga una alta volatilidad en los últimos años. Además, habló sobre las oportunidades que se presentan para Argentina en la materia, aunque remarcó que, para que se puedan concretar, se necesita seguridad jurídica. Eso hará que los productores inviertan para desarrollar los proyectos.

La transformación de Estados Unidos en el principal productor del gas del mundo, la posibilidad de construir un gasoducto con Brasil y la segmentación de tarifas, fueron otros de los temas sobre los que se explayó el experto.

¿Qué sucedió con el precio del GNL desde la pandemia y a partir de la invasión rusa a Ucrania?

El precio del GNL desde el año 2016 y hasta el 2019, tuvo una cierta volatilidad, acotada a valores que variaban desde 8 hasta 11 o 12 dólares por millón de BTU. Eran precios relativamente medianos que facilitaban, sobre todo los de 12, el desarrollo de plantas de licuefacción para que hubiera más gas en el mercado internacional. Esta situación cambia especialmente con la pandemia, porque al caer la demanda, la oferta queda por encima de las expectativas de ser cubierta y hace que los precios bajen notablemente. Eso permitió que, durante 2020, las importaciones argentinas de gas especialmente y de combustibles líquidos fueran muy bajas, totalmente fuera de lo que era la lógica. Tuvimos valores de 10, 11 dólares por millón de BTU previos a la pandemia y en la pandemia llegaron a valer incluso menos que los precios más bajos de exportación, como es el precio referente de Herny Hub que fue menor a 3 dólares por millón de BTU. Argentina había contratado gas en el mercado Spot, con lo cual aprovechó en parte esos precios bajos. Lo mismo sucede durante el 2021. Durante el invierno de Sudamérica, para los precios internacionales de GNL se mantenía en 7 u 8 dólares por millón de BTU. La situación que estamos viviendo es totalmente diferente. Hay eventos en Europa y Asia, que son los grandes formadores de precios y hacen que aumente fuertemente en el invierno europeo de 2020-2021 y de 2021-2022. Son valores extraordinariamente altos. Se pasó de 8 a 30 dólares por millón de BTU. Y sobre llovido mojado, porque la invasión rusa a Ucrania generó gran incertidumbre en Europa, por el abastecimiento, ante la decisión de reducir la importación de gas ruso. Eso generó que el millón de BTU llegara a US$ 50. En síntesis, pasamos periodos de US$ 11, bajo a menos de US$ 3 y luego tuvimos precios que no se vieron nunca en el comercio internacional de GNL, US$ 50. Hoy está estabilizado en torno de US$ 30. Una volatilidad de precios extraordinaria en muy poco tiempo.

¿En ese valor se podría estabilizar el precio?

La guerra es un hecho extraordinario que está generando estigmas, lastimaduras y fuertes situaciones. Europa y el mundo están necesitando seguridad de suministro y eso se paga. Supongamos incluso que el tema de Rusia y Ucrania se solucione, cosa que no se ve en el corto ni mediano plazo. Aun así, ha cambiado la geopolítica de abastecimiento y eso encarece, porque hay que movilizar desde otros lugares y no desde donde se hacía en forma habitual. Cambiar la logística implica mayores y altos precios que, estimo, se van a mantener en torno de los US$ 20 dólares por millón de BTU en los próximos años. Si el conflicto no se soluciona, el invierno europeo 2022-2023 es una gran incógnita en cuanto a qué valores se elevarán los precios para satisfacer la demanda y eso afecta al mundo. Nosotros no vamos a comprar en el invierno europeo, sino en su verano, donde la demanda internacional baja. Pero los precios están llegando a valores realmente altos. La expectativa es de dos años de precios altos, no creo que se vuelva a US$ 10 por millón de BTU en ese lapso.

Estados Unidos se convirtió en el principal productor de gas. ¿Sin embargo exporta e importa?

Estados Unidos era un país importador de gas. La tecnología desarrollada, especialmente para aprovechar el concepto de extracción no convencional, podríamos decir que es equivalente al concepto de Vaca Muerta, les permitió no sólo dejar de ser importadores, sino convertirse en el segundo exportador del mundo de GNL mediante barcos. A su vez, exporta gas a México- Pero también importa a Canadá desde el oeste y le exporta a ese mismo país en el este. Uno no se tiene que asustar cuando un país exporta e importa simultáneamente, lo que hay que ver es la balanza final, el neto.

¿Por qué exporta en el Este e importa en Oeste?

Por un problema logístico. Tienen gasoducto desde los centros urbanos que necesitan el gas y las cuencas y la producción muy cerca de New York. En cambio, en la zona de Canadá la tiene Canadá. Entonces, en vez de hacer un gasoducto de 5 mil kilómetros que atraviese el territorio norteamericano de este a oeste o de Texas hacia el norte, importan gas de Canadá. Desde el punto de vista del costo de transporte es mucho más eficiente movilizar de una cuenca que está pegada a mi frontera, que desde otra muy alejada. Ese es el concepto de por qué un país puede importar y exportar. Lo importante es el balance neto desde el punto de vista de la balanza comercial de exportaciones. Si exporto mucho más de lo que importo, no preocupa. Los ingresos van a estar dados por el balance positivo. Lo importante, al cuantificar, es el shale gas, desarrollado y explotado con esta nueva tecnología que le permitió al principal consumidor de gas del mundo, que necesitaba importar cuatro veces la producción argentina, haber superado esos volúmenes de importación y ser el segundo exportador de GNL. Esto también lo hizo Australia, país más parecido a la Argentina, que es el principal exportador de GNL del mundo y decidió seguir una política de exportar gas. Recordemos que Canadá es el principal exportador de carbón y su cliente histórico es China. Al ver que el mundo está tendiendo a fósiles más limpios, decidió desarrollar la explotación del gas para ser movilizado por barcos hacia todo lo que es Asia.

¿Este contexto es una oportunidad para Argentina?

El contexto es puntual. Independientemente, cuando uno desarrolla este tipo de proyectos, no sólo tiene que analizar un momento en la historia, sino ver como en una película, la evolución de los precios, qué es lo está haciendo el mercado internacional de GNL. Ahí es donde vemos que Argentina está perdiendo, hace ya bastante tiempo, oportunidades. Es un momento en el cual todos los productores están pensando en la viabilidad de potenciar proyectos de GNL en Argentina. Los productores son muy prudentes porque las condiciones macroeconómicas impiden tener una estabilidad monetaria que facilite el desarrollo de proyectos de esta naturaleza. Además, es necesario generar un marco de seguridad jurídica que blinde proyectos de exportación. Esa sería la solución para desarrollar este tipo de proyectos. Recordemos que un proyecto de esta naturaleza no solamente permite la exportación de gas. Si mediante una mejor infraestructura, se logra mover mayor cantidad gas y exportar volúmenes de envergadura, se empuja a la petroquímica, se puede tener urea, propano que es el gas de garrafa, etano, para plantas petroquímicas como Dow Chemical en Bahía Blanca. Tener más gas destinado a la exportación, podría generar un polo petroquímico y un polo exportador fortísimo. Eso es lo que Argentina debería estar haciendo, incluso para solucionar los problemas macroeconómicos de su balanza comercial. Lamentablemente creo que lo urgente obnubila el desarrollo de pensar proyectos de esta naturaleza y que, aún en este contexto de una gran volatilidad macroeconómica, es imprescindible buscar inversiones en el mundo y asociarnos. Pero hay que blindar este proyecto y que sea exclusivamente para la exportación. No estamos pensando en lo que hacen Australia o Estados Unidos, que requeriría inversiones por US$100 mil millones, sino de inversiones más manejables, US$10 mil millones entre infraestructura, gasoductos, plantas de licuefacción

¿Para Argentina sería más conveniente exportar a Brasil vía gasoducto o barcos?

En este momento, Brasil tiene déficit de gas, no por la oferta, sino por infraestructura. Le pasa lo mismo que a nosotros. Es un país petrolero y el gas viene asociado a esa explotación. Pero el volumen que está produciendo, no consume y reinyecta a gasoducto, es de gran importancia, con lo cual esta situación puntual de la demanda de gas natural por parte de Brasil no veo que se pueda mantener durante varios años. Cuando uno desarrolla o hace una inversión de gasoductos, necesita tener asegurada la venta de gas por 10 a 20 años, Eso garantiza las inversiones para desarrollar este tipo de proyectos. Hacer una planta de licuefacción cuesta un poco más que un gasoducto que requiere atravesar toda Argentina. Veo mucho más, como proyecto, una planta de licuefacción con una producción de gas que salga de un puerto argentino y en el momento que Brasil decida no comprar más, porque sus condiciones de abastecimiento e infraestructura mejoren, suplir esa caída de demanda hacia otros destinos. Para Argentina, insisto, los proyectos de licuefacción son más atractivos, ponen el mercado del mundo a disposición. Evidentemente, tendremos que ser competitivos con el mercado internacional, pero no a través de una traza que no se va a mover nunca más y ante el peligro de que Brasil dentro de 5 u 8 años no necesite gas argentino. Hay que evaluar muy claramente o hacer contratos con Brasil que aseguren un abastecimiento en forma permanente. A su vez, Brasil va a exigir esa seguridad de suministro y precios bajos, lo cual es lógico en un acuerdo de esa naturaleza. Un contrato de largo plazo genera precios más estables y más bajos, independientes de la volatilidad del mercado.

Las tarifas en Argentina están atrasadas y se hará una nueva segmentación. ¿Cómo ve esto?

Lamentablemente, las tarifas han sido manipuladas en forma innecesaria, lo cual ha generado una bomba de tiempo. Recordemos que se definieron en abril 2019 en las condiciones macroeconómicas de ese momento, con un dólar a $42 y nunca más se tocaron hasta algunas correcciones que se hicieron en junio del 2022. El atraso tarifario es extraordinario, basta ver la inflación que ha habido durante el 2020, 2021 y la que hay en el 2022… Cuando muchas veces se habla de tarifazo, hay que recordar que las tarifas de gas están congeladas y con un cambio relativamente de no gran importancia, desde abril de 2019. Las tarifas per se ya tenían una segmentación para las personas de menores recursos, existía el mecanismo de contemplar a los que no pueden soportar los precios justos y razonables. Evidentemente, hay que hacer una segmentación justa, razonable y no política. Independientemente de la segmentación, hay que solucionar el problema lo antes posible. Los que sostienen y subsidian todo el consumo energético, son los que pagan impuestos. El problema de la segmentación hay que solucionarlo,  hacerlo gradual, pero urgente, porque si no es un problema que el Estado financia a través de los ciudadanos que pagan impuestos, los préstamos o la emisión que es lo que finalmente está sosteniendo las tarifas.

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