Rezar a San Cayetano, pero también crear trabajo auténtico*

7 agosto, 2016

Hoy es 7 de agosto y, como ustedes saben, es la Fiesta de San Cayetano. Este año cae domingo y eso lo cubre litúrgicamente, salvo en aquellas parroquias o santuarios que llevan su nombre.

El papa Francisco ha escrito una carta muy linda a monseñor José María Arancedo, presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, recordando que cuando él fue vicario de la zona Flores, primero y luego como arzobispo de Buenos Aires, iba, el día 7 de agosto, al Santuario de San Cayetano de Liniers y se encontraba con la multitud que acudía a venerar al santo, a pedir pan y trabajo. En esa primera época, yo también tenía, como vicario de Belgrano, un santuario de San Cayetano más chiquito, pero también muy activo y también el 7 de agosto iba, obviamente, allí.

Pero más allá de esos recuerdos, es interesante el hecho de que, en la Argentina, San Cayetano es el santo del pan y del trabajo. Me han dicho que la devoción viene de muy antiguo y que la inspiró la Mamá Antula, que pronto será beatificada. Yo creo que San Cayetano, en el cielo, estará sorprendido y mirando para abajo, y dirá: “Estos argentinos, qué cosa rara”. Pero, sin embargo, San Cayetano nos ayuda. Efectivamente, ayuda.

Ahora bien, el problema del trabajo no se resuelve sólo con la devoción a San Cayetano, que, sin duda, tiene que inspirar un esfuerzo concorde para buscar un cambio tal en la organización social y económica de la Argentina que permita, lo más rápido posible, la creación de trabajo genuino. Esto no es fácil, porque uno duda de que los argentinos que tienen su plata en el exterior la traigan rápidamente; no sé si vendrán ya grandes inversiones y si podemos ofrecer tanta confianza a los de afuera para que vengan, pero sí se puede desde abajo crear trabajo. Esto es lo que se llaman las pymes, las pequeñas y medianas industrias, y hay gente y dirigentes que están en contacto con ellas y se puede recrear desde allí trabajo genuino. Tal vez así el índice de desocupación podría descender enormemente.

Les cuento algo personal: yo todas las fiestas de San Cayetano voy al astillero Río Santiago y celebro allí una misa desde hace muchos años. Este año iré el lunes 8, porque el 7 es domingo. El problema del astillero me parece que es ejemplar, porque muchos de los problemas con el trabajo suceden en distintos lugares —empresas, fábricas, etcétera. En esta cuestión del trabajo uno puede preguntarse: ¿Hace falta un astillero en la Argentina? Los expertos dicen que sí y que hace falta si la Argentina tuviera una política de soberanía marítima y aun naviera en general. Hay un proyecto que he visto del almirante Storni, de 1916, que ya pensaba en esto y no se cumplió. Para eso sí haría falta un astillero donde no hubiera “ñoquis” ni “semiñoquis”, donde no hubiera corrupción. La verdad corrupción es un nombre muy elegante que se usa para todo pero en criollo se dice “afano”. También donde hubiera sinceridad. Pero todo eso depende de una decisión: “Queremos hacer esto”. No es posible que el astillero esté con un barquito para Venezuela hace no sé cuántos años. Si tuviera todas las radas llenas, sería distinto. Es verdad que para la provincia es un peso enorme, porque hoy es altamente deficitario y eso es algo que tiene que cambiarse y no se cambia sólo por una decisión escrita, sino que se cambia porque aquí tienen que concurrir los gobernantes, los partidos políticos, los sindicatos, porque no sé cuántos sindicatos hay dentro del astillero. Yo soy amigo de todos y por eso voy allí.

Y les agrego que voy allí por una razón muy particular: hace muchos años, más de una década, me han nombrado padrino, cuando, durante la gran crisis, quiso ser cerrado. Yo creo que no debe ser cerrado, al contrario, pero para que funcione me parece que hay muchos cambios a realizar.

Esto ocurre en otras áreas de la economía argentina que tienen que ver precisamente con la creación de auténtico trabajo. No camuflar nada, sino crear trabajo verdadero. En definitiva, hay que laburar, esa es la cuestión. Y entre tanto le pedimos ayuda a San Cayetano.

*  Por Héctor Aguer, arzobispo metropolitano de la Arquidiócesis de La Plata. Es licenciado en Teología.

Por Héctor Aguer

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