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¿Será cuestión de nuestros principios o será cuestión de sus intereses?*

Martes 5 de Noviembre, 2019

No es la primera vez. No es casualidad. No somos los únicos. Convertirse en el objetivo constante de ciertos comentaristas contra una institución como la nuestra, no es un problema. El problema es no comprender que la libertad de expresión incluye el respeto y la tolerancia al otro, poder opinar distinto, dejar decidir individualmente, sin presiones ni condiciones. Que estemos habituados no significa que aceptemos estos procedimientos quizás legales, pero esencialmente ilegítimos. Los medios serios lo saben, lo practican.

Nos presentan un nuevo embate, otro más. Siempre los mismos contra la misma institución, la Asociación Bonaerense de la Industria Naval (ABIN), contra nuestras autoridades y, en definitiva, contra cada uno de nuestros miembros.

El 30.408 es nuestro número de Personería Jurídica, dado por la Res. DPPJ Nro. 1931, de la Dirección Provincial de Personas Jurídicas del Ministerio de Justicia de la provincia de Buenos Aires. El mismo se da sobre la aprobación de nuestro Estatuto, el cual cumplimos detalladamente desde nuestra constitución, hace quince (15) años. Reuniones de Comisión Directiva, Asambleas, Memorias, Balances, libros de actas, renovación de autoridades, cumplir y hacer cumplir nuestro estatuto y las normas vigentes, son algunas de las actividades de toda entidad legalmente habilitada como ésta. En todo éste tiempo trabajamos con hechos concretos, con acciones directas, muchas veces con costos que asumimos como parte de cumplir con el compromiso y las convicciones de nuestra Cámara y de nuestros miembros, más allá de los gobiernos de turno o de las presiones toleradas. Algo que muchos quizás puedan decir, pero pocos pueden demostrar.

El art. 3ro de nuestro Estatuto y sus incisos fijan claramente nuestros objetivos. Entre ellos: “promover, estimular y desarrollar la Industria Naval…representándola y defendiéndola en todo ámbito y circunstancia, organizando y manteniendo la defensa de sus principios, sus derechos  y sus  intereses”;  “representar a sus asociados… en forma equitativa, objetiva y constante”; “lograr un reconocimiento real y efectivo como uno de los sectores estratégicos-productivos más significativos  para el crecimiento y el desarrollo regional, provincial y nacional”; “ser un activo partícipe de toda la problemática referida al sector, en los  niveles locales, regionales y provinciales, nacionales e internacionales;  ocupando, manifestando y participando de todo tipo de eventos, actividades e iniciativas que provean de ventajas, beneficios y soluciones a la Industria Naval en general, cooperando en todas aquellas organizaciones, comisiones, entidades”.

De esto se trata la ABIN. Fuera de esto, en una sociedad democrática, cualquiera puede opinar, pero no cualquiera puede justificar sus dichos.  Y ésta es la diferencia entre los que sólo dicen y aquellos que fundamentamos pensamientos y acciones.

Cuando no aceptamos ni antes ni ahora el reduccionismo hecho a una norma fundamental como lo es una Ley de Industria Naval a un simple articulado sin utilidad práctica para nuestro sector, lo hacemos convencidos de las capacidades de la industria naval Argentina y toda su cadena de valor la cual incluye, como siempre decimos, también a la comunidad educativa.

Cuando planteamos una visión inclusiva, contemporánea y activa para el Astillero de Río Santiago, lo afirmamos reconociendo que se trata de un espacio metalmecánico productivo que debemos dinamizar antes que dinamitar como algunos pretenden.

Cuando planteamos la necesidad de apoyar a nuestra Ingeniería Naval Argentina, a sus profesionales, a sus estudiantes, a sus universidades, lo hacemos sabiendo que éste rico país no puede ni debe perder todo el know-how y todas las capacidades que tenemos.

Cuando nos expresamos por el tema YPF – barcazas, lo hicimos para concentrar ésta cuestión en el tema primordial que no es para quien construimos sino construir en Argentina.

Cuando desde el gobierno aún en funciones se decidió la compra en el exterior de las mismas embarcaciones de defensa y seguridad que podemos construir en nuestros astilleros, no recibimos apoyo, no hubo principios que reclamar ni notas que publicar, salvo algunas excepciones.

Cuando fuimos los primeros en advertir las manifestaciones del presidente de la Xunta de Galicia tras las negociaciones con funcionarios de nuestro país, publicadas entonces sólo en los medios periodísticos gallegos, pero en ninguno de esos medios locales que hoy se desgarran las vestiduras, inmediata y directamente nos contactamos con los funcionarios nacionales responsables reclamándoles que el gobierno rectificara o ratificara tales manifestaciones y que se abstuvieran de tomar semejantes medidas en medio de un contexto electoral tan relevante. Recordemos el cinismo de aquel ministro nacional que al mismo tiempo que aplaudía la botadura de un barco en Mar del Plata, mantenía reuniones para acordar la importación y la baja de aranceles de buques hechos en el exterior. De esto nada se decía ni en los discursos ni tampoco en los escritos de algún redactor.

Discursos contradictorios, reclamos infundados, comentarios mendaces, escritos arteros, hacen una masa que pretende únicamente la defensa de ciertos beneficios exclusivos. Nada más, pero nada menos. Lo curioso ya no son los principios. Lo lamentable son las maniobras, es decir y parafraseando al ex Presidente de la Nación, Dr. Arturo Illia: “no me preocupan los que nos compran, me preocupan los que nos venden”.

Desde el nacimiento de la ABIN hemos tenido tres Presidentes más uno actual en cumplimiento aún de su mandato (los períodos son de 4 años), cambiando nuestras Comisiones Directivas según lo normado; hemos incrementado constantemente el número de nuestros asociados; generamos diversos y distintos eventos para nuestro sector; tenemos una relación constante con las universidades; mantenemos acuerdos de cooperación con otras cámaras navales del exterior; tal cual nos indica nuestro estatuto, gestionamos ante las distintas autoridades diversas acciones a pedido y en defensa de nuestros asociados; somos la institución de mayor crecimiento en el sector industria naval argentino en los últimos años; integramos otras entidades nacionales (ADIMRA) y provinciales (UIPBA); desde hace diez años llevamos a cabo negociaciones paritarias, nacionales y anuales con el Sindicato Argentino de Obreros Navales (SAON); etc. Los mismos que hoy “dicen” tanto nunca han publicado nada de esto. Nada. ¿Será una cuestión de nuestros principios o serán sus intereses?

Pareciera qué, porque a nuestras opiniones no las difunden ciertos medios, aunque otros sí lo hacen, directamente no existen. ¿Será cuestión de nuestros principios o será cuestión de sus intereses?

Pareciera que no es noticia tampoco la competencia desleal de algún astillero público nacional, autoproclamado como eficiente, que afecta a todos los astilleros privados por igual, quizás sea porque reclamamos y gestionamos ante las autoridades gubernamentales solitariamente, pero convencidos de que podemos y debemos tener un sector integrado. ¿Será cuestión de nuestros principios o será cuestión de sus intereses?

Pareciera que todas las acciones hechas y tomadas desde la ABIN contra la rebaja de aranceles para facilitar la importación de buques pesqueros, estarían correctas sí y sólo sí son difundidas mediáticamente. ¿Será cuestión de nuestros principios o será cuestión de sus intereses?

Pareciera que cuando se designaba a un presidente de la Sociedad Rural como ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca de la Nación o al presidente de una petrolera extranjera como ministro de Energía de la Nación no molestaba a quienes hoy agreden a ésta cámara. Pero sí les molesta que una institución como ABIN haya elegido como Presidente por Asamblea General Ordinaria, “la cual es soberana” (Art. 32) a uno de sus cofundadores y, a la vez, fundador de uno de los astilleros privados argentinos más importantes, generador de empleo e inversiones genuinas. ¿Será cuestión de nuestros principios o será cuestión de sus intereses?

Imponer, ofender, difamar, manchar y confundir, evidentemente es un método por medio del cual algunos pueden usar la palabra “principios” sólo en sus textos, pero no así en sus acciones. Allí, sólo imperan sus intereses.

Hay veces en que estos paladines de “su” verdad también son los dueños del mismo silencio que aplican cuando conviene y que es tan ruidoso como sus propias contradicciones. Y es que los principios no pautan, pero los intereses sí, y ahí están nuestras diferencias. Ahí están nuestros principios.

*Por Comisión Directiva de la Asociación Bonaerense de la Industria Naval .