Es necesario buscar otra salida, que respete nuestra soberanía

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24 febrero, 2022

“No hay nada que una Nación deba evitar tanto como pedir prestado dinero en el extranjero”. Así se lo confió Ulysses Grant, el decimoctavo presidente estadounidense (1869-1877), al emperador Meiji durante su visita a Japón en agosto de 1879. Después de dar varios ejemplos de naciones esclavizadas por una deuda denominada en moneda extranjera, sugirió que su anfitrión se deshiciera de la deuda externa de su país lo antes posible.  “Cuanto antes se devuelva, mejor será para Japón.  Si es posible, nunca debería pedir prestado más de una nación extranjera”. Este consejo no cayó en saco roto, los japoneses aprendieron la lección.

Desafortunadamente, la mayoría de los políticos, como la abrumadora mayoría de los economistas convencionales, no hacen la distinción rudimentaria —pero esencial— entre deuda en moneda nacional y deuda en moneda extranjera.

El estado japonés solo está endeudado en su propia moneda. Al igual que todos los gobiernos que emiten su propia moneda, Japón nunca puede quedarse sin dinero. Por lo tanto, nunca podría estar en una situación en la que no pudiera pagar los bonos emitidos en su propia moneda. Su independencia financiera significa que no tiene restricciones financieras intrínsecas en su propia moneda y que determina las tasas de interés a las que se “presta” sí mismo. Por lo tanto, sus posibles déficits presupuestarios se financian en yenes. Hoy Japón gasta todo lo necesario para garantizar un trabajo a todo habitante que quiera trabajar. Es el camino para terminar con la pobreza. Japón lleva más de 30 años con una economía sin endeudamiento y tasa de interés de 0%, sin inflación.

Entre los países con mayor oferta monetaria amplia respecto del PIB de 2020 se destacan Japón (282,89 por ciento), China (213,78 por ciento), Reino Unido (157,51 por ciento), India (133,36 por ciento), Australia (123,84 por ciento), Estados Unidos (91,37 por ciento) y Bolivia (86,45 por ciento). Argentina cerró 2021 con una oferta monetaria amplia equivalente al 22,3 por ciento del PIB, mientras que en 2020 había sido de 22,8.

Estos países usan su moneda para tratar de alcanzar el pleno empleo y financiar, en su propia moneda, sin pedir prestado. Entre las condicionalidades que plantea el acuerdo es seguir reduciendo la oferta monetaria aún más.

El Frente de Todos recibe un país fuertemente endeudado, no sólo en moneda extranjera, sino también en moneda nacional. A la vez la gestión Guzmán-Pesce cuadruplicó la deuda en moneda nacional, pese a las promesas de campaña que era, ante la disyuntiva “PyMEs o Bancos”, elegir a las primeras.

Ninguna de las deudas pesa tanto como la contraída con el FMI. Por el carácter de que el incumplimiento, o la entrada en mora, va a condicionar el ingreso de dólares de otros organismos internacionales.

El FMI cumple un rol crucial al profundizar el endeudamiento creciente de los países periféricos. Es el gendarme de la aplicación de políticas neoliberales a los países endeudados.

El actual acuerdo es insostenible. Reproduce y profundiza al endeudamiento ilimitado, legitima una deuda odiosa e ilegítima incluso para las normas del propio FMI. Lejos de generar condiciones para el crecimiento y la estabilidad política, agudizará la desestabilización provocada por los “factores de poder interno”, preparando así el terreno para un cambio político en 2023.

Las alternativas que le presenta a la Nación el ministro Guzmán, es este acuerdo. Que no tiene nada que ver con las expectativas que teníamos los argentinos meses atrás. Hablábamos de un acuerdo de facilidades extendidas, y pedíamos más de 10 años de plazo. Hablábamos de responsabilidades compartidas y sin condicionamientos. Hablábamos de no pagar sobretasa por exceso de endeudamiento. Nuestro Presidente hablaba, con los líderes mundiales, de un arreglo político a un préstamo político, otorgado para salvar al gobierno de Macri, y salvar a los capitales especulativos que habían venido a hacer carry trade, especulando con las tasas de interés.

Para el ministro se va a acordar sí o sí, porque no hay ninguna alternativa preparada para un escenario de no acuerdo y el gobierno no puede ni desea imaginar ningún escenario rupturista, ni preparó ninguna alternativa para seguir pagando los vencimientos, si era necesario con nuestros recursos.

La propuesta de Guzmán implica, una capitulación deshonrosa ante los técnicos del FMI. Lleva al país directamente al sometimiento por 12 años a las imposiciones del organismo internacional, condicionando nuestra política económica y encima, deberemos padecer la humillación de que cada tres meses debamos estar pendientes de las revisiones e inspecciones de los enviados del FMI y condenando a la pobreza a una generación de argentinos. Para el ministro no existe otra alternativa que esa o el default. Evidentemente, tiene una mirada corta de las posibilidades que tiene argentina de encontrar otros caminos para resolver la deuda con el FMI. Deberíamos decir no a este proyecto de acuerdo, y decirle al mundo NO al sometimiento que quieren hacerle pasar al pueblo argentino. En los papeles todos los países son corresponsables de este préstamo.

Los argentinos necesitamos solucionar el endeudamiento con el FMI, no un acuerdo que nos condicione y aumente el endeudamiento, que además implica la capitulación nacional ante los poderes hegemónicos.

A la vez se pretende que, entre gallos y medianoche, el Congreso apruebe este sometimiento, sin un debate claro, sin la exploración de otros caminos, solamente escuchando las propuestas hechas por los representantes del capital concentrado y sus personeros. Es necesario que toda la población se sume al debate en la búsqueda de alternativas para sacarnos de encima, la pesadilla del FMI que nos trajo el macrismo.

Lo primero que debemos hacer es pagar con recursos propios los vencimientos de 2838 millones que vencen en marzo y los 732 que vencen en abril. Podemos utilizar incluso las reservas en oro, que suman 3500 millones de dólares. No es “acordamos esto o el default”, como nos dice Guzmán.

A partir de marzo van a entrar los dólares de la cosecha de este año. Si tomamos en cuenta que, durante 2021, el superávit de la balanza comercial (exportaciones menos importaciones) fue el más alto de la década 14750 millones de dólares. Durante 2020 el superávit comercial fue de 12.528 millones. En los dos años, el superávit en divisas alcanzó la suma de 27.000 millones de dólares. ¿Por qué canales se filtraron? ¿Dónde fueron a parar? ¿Cómo cerramos estos canales de fuga? Esa es la tarea.

Si este año, el superávit de divisas va a ser de más de 15.000 millones de dólares, con solo evitar que las multinacionales te la sigan sacando, pagando deudas privadas, con los dólares del BCRA, podemos hacer frente a los vencimientos de este año. A la vez van a estar los ingresos del Banco Mundial y el BID (4000 millones de dólares).

El FMI quiere imponernos las cuentas de tal modo que el resultado final debe ser que todos los años el Estado argentino disponga de todos los dólares necesarios para pagar en tiempo y forma capital e intereses de la deuda externa, tanto con organismos multilaterales como con fondos de inversión privados. Y a la vez, las multinacionales puedan seguir sacándole al BCRA, con la complicidad de sus directivos, los dólares necesarios para cancelar los autopréstamos con sus casas matrices.

Ese es el único número relevante para el FMI, el monto de dólares anuales a pagar y que puedan seguir llevándoselos. Que ese monto esté disponible en las próximas décadas depende de dos variables: a) que la Argentina tenga una balanza comercial superavitaria por el equivalente a los dólares que hay que pagar anualmente, y b) que el Estado Nacional, que es el ente que debe pagar los compromisos, tenga un superávit fiscal que le permita adquirir los dólares suficientes para cubrir los vencimientos anuales.

Y el FMI viene a ser de gendarme para que ese plan se lleve a cabo. INACEPTABLE SI TENEMOS UN POCO DE DIGNIDAD.

Argentina necesita crecer para incorporar al mercado a los millones de marginados de este modelo económico.  O sea, debe crecer su mercado interno. Tenemos la moneda para hacerlo. Este crecimiento va a demandar divisas, y al FMI no le interesa que argentina crezca. No quieren estar compitiendo con la población argentina por el uso de los dólares del superávit comercial. Los dólares son para ellos.  

Le interesa que el Estado acumule superávit fiscal, para poder comprar los dólares que liquiden los exportadores. Le interesa que acumule reservas en dólares para hacer frente a los vencimientos de los próximos años con los bonistas privados. Las propuestas del FMI van a contramano de nuestros intereses. Y Guzmán-Pesce aplican la política que beneficia a esos intereses.

La gestión del ministro Guzmán, tiene más sombras que éxitos. Comienza con el éxito en la negociación sin quita con los acreedores privados.  Siguen con los fracasos en la política antiinflacionaria, responsable el BCRA, vía tasas de interés. Siguen subiendo las tasas de interés a niveles estratosféricos, las más altas del mundo, política aplicada por el macrismo, que fracaso estruendosamente en medio de una gran contracción monetaria. Vuelven a aplicar las políticas ya fracasadas. La inflación proyectada no tiene nada que ver con la vida real.

También fracasó en la política cambiaria, al atrasar el tipo de cambio, para ver si se reducía la inflación, que le genera innumerables problemas al BCRA. Ahora hay que desandar ese camino. Política que ya había fracasado numerosas veces. Una vez más, quedó demostrado que el “ancla cambiaria” para contener la inflación no sólo resultó un mecanismo probadamente fracasado en el Argentina y en el mundo.

Además, tuvo un estruendoso fracaso, en el endeudamiento interno no solo del estado, sino de toda la población. Las tasas pagadas por las Leliqs y los instrumentos monetarios en pesos, llevan a un endeudamiento interno de toda la población, que beneficia a los bancos, y a los sectores ahorradores de la sociedad. Cuando asumió, las Leliqs sumaban 1,2 billones de pesos. Hoy son más de 4 billones. Los intereses hoy representan 3 puntos del PBI. De esto, el FMI no habla. Los grandes perjudicados son aquí las PyMEs, los tomadores de créditos vía tarjetas de crédito.

Ahora suma un estruendoso fracaso, trayendo este proyecto de acuerdo humillante con el FMI, que implica la entrega de nuestra soberanía económica a los poderes económicos.

Argentina debe pagar los vencimientos de marzo y abril, para lo cual tenemos las reservas necesarias, y debemos darnos un debate con tiempo sobre la búsqueda de los caminos para terminar con la deuda con el FMI, sin resignar nuestra soberanía. Estamos seguros que debemos recuperar el rumbo y dejar atrás las políticas neoliberales que se vienen aplicando, solicitando al Sr. Presidente que tome las medidas necesarias para cambiar el rumbo actual.

Por César Crocitta, Grupo Bolívar.

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