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“Expropiar Vicentin no es una buena decisión”

Lunes 22 de Junio, 2020

Para el economista Santiago Taboada, integrante de la consultora Orlando J. Ferreres & Asociados, el proyecto de expropiación de la empresa Vicentin no es una buena decisión, teniendo en cuenta que la Argentina se encuentra en plena negociación con los bonistas.

Asimismo, en diálogo con Ser Industria Radio, Taboada advirtió las consecuencias de entrar en default. En ese sentido, explicó que, si eso sucediera, el sector privado no tendría acceso al financiamiento, lo que se traduciría en menos creación de empleo.

El Presidente insiste con la idea de expropiar Vicentin. Pero el gobernador Perotti propuso un órgano de intervención. ¿Crees que esta nueva iniciativa es positiva?

La propuesta de Nación no es para nada la mejor. La expropiación de Vicentín en este contexto, en medio de la pandemia y de una negociación de la deuda, no fue una buena decisión. Habrá que esperar a medida que se conocen más detalles de la propuesta del gobernador Perotti. pero si es en el sentido contrario de una expropiación, probablemente sea mejor que la idea de Nación.

Sería una salida más consensuada…

Exactamente, mientras que sea consensuada y no haya ninguna expropiación de facto, que nos termine costando a todos los argentinos en un par de años un juicio en el que vamos a pagar los contribuyentes, es buena. Insisto que en el contexto actual una expropiación era la peor idea, porque estás negociando con acreedores y estas cerca de acordar. Pero el gobierno se planta en una posición en la que asegura que no tiene el dinero para pagarle a los bonistas y se da vuelta y busca expropiar una empresa que tiene un pasivo de 1300 millones de dólares, lo cual es una pésima señal. Esto trae más incertidumbre para el sector privado, para el productor agropecuario, para la industria, que mañana no sabe si al tener una deuda con algún banco público qué puede pasar. Recordemos que el Presidente había dicho que no estaba en sus planes expropiar empresas, ni nada similar, que las ideas que había dicho en su momento Fernanda Vallejos no estaban en su agenda y a las semanas ocurre esto de Vicentín que trae mayor ruido a la economía argentina. 

La negociación de la deuda se prorrogó hasta el 24 de julio. ¿Hasta cuándo se pueden seguir estirando los plazos?

La decisión del Gobierno fue extender las negociaciones. Nosotros estimamos que en agosto debería quedar resuelto. También sucede que esta negociación va semana tras semana. Si bien se extendió un mes, lo que podría pasar es que se llegue a un acuerdo la semana que viene. En la medida que se siga postergando, se genera incertidumbre y obviamente se resiente la economía real, básicamente por el complejo contexto económico que estamos atravesando en el medio de una pandemia.

¿Cómo llega esa incertidumbre al bolsillo de las personas?

Si bien es una negociación entre gobierno y bonistas, el principal costo asociado a una mala resolución de la deuda es el financiamiento. En caso de que la Argentina entrara en una cesación de pagos, para la economía de la gente, la economía real, las consecuencias se verían en el financiamiento. Supongamos que Argentina entra en default. A muchas empresas se les encarecería muchísimo el financiamiento. Por ejemplo, en el agro se complicaría bastante lo que es el financiamiento en dólares o hasta mismo una empresa que tiene una filial en Argentina se vería en problemas para que su casa matriz le gire dinero, algo súper entendible en el contexto actual de fuertísima caída del nivel de actividad. Entonces si hay menor financiamiento para el sector privado también va a ver menor creación de empleo y eso se traduciría en menor crecimiento para el largo plazo.

¿Afectaría también a los niveles de precios y consumo?

Si bien hay cepo, por lo cual el dólar oficial no se movería tanto, probablemente se dispararían las brechas de los tipos de cambio libre, es decir el dólar paralelo. Eso se traduciría en más expectativas de devaluación.  El dólar blue, que es básicamente el dólar ahorro que tienen hoy más allá de los 200 mensuales, al moverse obligaría al gobierno a tener que acomodar el tipo de cambio oficial. Con las medidas que tomó el Banco Central en las últimas semanas, restringiendo el acceso al mercado de cambios para los importadores, también hizo que muchos empresarios del sector están mirando qué pasa con las otras cotizaciones. Es decir que una mala resolución de la deuda puede generar un salto en el dólar y la consecuente aceleración de la inflación que los argentinos conocemos mucho.

Se dice que de la mano del default habría corrida bancaria, corrida cambiaria, hiperinflación. ¿Eso es posible o son fantasmas para agitar a la sociedad?

Es un poco de todo. No acordar con los acreedores seguramente tendrá consecuencias graves para la economía, que ya venimos de problemas complicados. Generaría seguramente un salto en el tipo de cambio y una crisis cambiaria, todo dependerá de otros factores. Crisis hiperinflacionaria no lo creo todavía, para llegar a eso hay varios pasos antes. Obviamente la falta de crédito para el gobierno es uno de los de los condimentos necesarios para tener este tipo de crisis, pero hay una serie de pasos previos a eso.

La dirigente política argentina casi permanentemente desprestigia a sus opositores y genera desconfianza interna y externa. ¿Se pueden hacer negocios serios en ese clima?

Es fundamental tener certidumbre a la hora de invertir. El problema de la Argentina, viendo la historia desde casi 1960 para acá, es la imposibilidad de cumplir contratos, de cumplir con la palabra, sobre todo desde el lado del gobierno. No hay certezas cada vez que puede haber un cambio de gestión, no hay política de Estado a largo plazo que le permita a la gente proyectar sobre lo que va a pasar mañana o dentro de cuatro años, que es lo que se tiene en otros países.

¿Es imposible sin ese tipo de acuerdos?

Obviamente tenemos un debe entre los distintos actores de la sociedad, a la vista están los resultados. De habernos puesto de acuerdo hace varias décadas hoy no estaríamos en esta situación. Hacen falta una serie de lineamientos fundamentales entre los distintos actores políticos, sector privado, gobiernos, sindicatos, etcétera, que permitan tener un marco de certidumbre y saber hacia dónde vamos. Después vendrá cada gobierno y le dará sus matices, pero el núcleo de hacia dónde vamos como país tiene que estar claro, si no es muy difícil planificar y saber en qué invertir. Todo eso se complican en este marco que estamos desde hace varios años en la economía argentina.

¿Por qué hay tantos argentinos interesados en radicarse e invertir en Uruguay?

Los datos están a la vista. Por un lado, Argentina tiene una elevada presión impositiva. La gente paga impuestos como si estuviese en un país nórdico pero la prestación de los servicios que da el Estado no se parece a Suecia o Noruega, son bastante peores. A su vez, creo que la sociedad argentina está cansada de tener tanta volatilidad macroeconómica, una economía con 40% de inflación. Además, este es un país que crece en años impares o electorales y en pares se contrae. Desde 2011 para acá ese fue el ciclo, obviamente los últimos dos años fueron la excepción para mal, porque fueron de caídas consecutivas.

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