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Navegar, un pujante y joven astillero

click Por Darío Ríos y Gabriel Ríos Malan- En la ciudad de Berisso, provincia de Buenos Aires, casi sobre la ribera del Río de La Plata, se encuentra el Astillero Navegar, una empresa que con menos de  10 años, apunta a la excelencia y a la construcción de embarcaciones de primera calidad. Además, desde hace poco, también construye en Gualeguay, Entre Ríos.

Esta Pyme comenzó en 2007, cuando los Gabriel Bonilla y Álvaro Carnevale,  decidieron dedicarse a la fabricación de lanchas deportivas. Ambos estaban relacionados a la industria naval a través de sus familias y se habían conocido mientras estudiaban Diseño Industrial. Desde entonces se pusieron el objetivo de lograr que Navegar sea considerado entre los cinco astilleros más importantes del país.

“Con mi socio -cuenta Bonilla mientras interrumpe su jornada laboral para hablar con serindustria.com.ar- arrancamos en un galponcito de 8×6 metros, invirtiendo cinco mil pesos cada uno. Ni siquiera teníamos la posibilidad de ver el producto a distancia, porque las paredes no nos daban. De ahí pasamos a vender más de 600 embarcaciones entre lanchas y canobotes en todo el país, desde el 2009”.

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Navegar, un pujante y joven astillero

“Comenzamos con un modelo de lancha que se llamó Lantia 46. En ese momento había más competencia que ahora”, cuenta Bonilla desde la oficina del astillero y agrega “siempre trabajando 16 horas por día, con el objetivo de estar entre los cinco astilleros más reconocidos. Estamos en camino para lograrlo”.

Con diseños propios, apuntan al sector de embarcaciones pequeñas deportivas, canobotes, botes de remo, lanchas en varias medidas, con cabinado o con parabrisas.

Actualmente, de forma estable trabajan cuatro personas. Bonilla cuenta que ante la inestabilidad del país se hace complicado ampliar la cantidad de contratados. “Como siempre, cada dos o tres años en Argentina tenemos momentos difíciles. Eso no permite proyectar a largo plazo, por eso cuando hay mucho trabajo contratamos más gente”.

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La falta de personal capacitado en la zona, es algo en lo que Bonilla pone atención y cuenta que “hasta que encontrás la gente te lleva mucho tiempo, por eso intentamos mantener la estructura, que no se nos vaya ninguno porque formar a una persona para estos trabajos lleva tiempo. La capital de la náutica está en San Fernando, Tigre, así que cualquier cosa que falta son una hora y media de ida y lo mismo de vuelta. Formar a la gente lo mismo, acá no abunda gente con conocimiento sobre fibra de vidrio”, y aclara que “estamos muy bien organizados. Si nos encargan tres lanchas sabemos como hacerlas y si tenemos que llamar a alguien puntual sabemos a quién. Hace siete, ocho años atrás eso nos complicaba mucho, estábamos nosotros vendiendo, viajando y laminando, eso ya cambió”.

Ante la posibilidad de construir naves de mayor porte, Bonilla se muestra con ganas pero remarca que en Argentina “no podes programar nada”. Sin embargo,   con entusiasmo indica que “si alguien lo encarga lo podemos hacer tranquilamente. En este contexto, con estas vaivenes económicos se hace muy difícil, si tuviera una estructura grande tendría que cerrar. Al tener una estructura chica, analizamos como pasamos estos meses hasta que la gente se acomode y vuelva a consumir”.

Al respecto cuenta que “estamos subsistiendo con reparaciones y sacando dos modelos nuevos intermedios a los que faltaban. Vamos a tener 10 modelos de lanchas. O me quedo en mi casa mirando la ventana o voy por el desafío y el desafío es ver como me acomodo para seguir en este trabajo, porque nací con esto y se hacer esto, por eso lo defiendo. Este trabajo me ha dado muchas satisfacciones”.

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Es por eso que han puesto foco en la innovación y en el desarrollo tecnológico. Han elaborado nuevos pisos para sus embarcaciones, también herramientas digitales como un asistente de navegación que da la información del motor y GPS. Para lograrlo trabajaron durante un año y medio.

La falta de financiación y la presión impositiva son temas que perjudican a los emprendedores y es una preocupación para Bonilla que cuenta que de la venta de una embarcación alrededor de un “40 por ciento se va en impuestos. Para  fomentar el trabajo habría que dar facilidades a las Pymes y Micropymes. Que no paguen impuestos por dos años o le baja de cargas sociales o el iva. No pedimos créditos, sino que no nos maten con los impuestos. Solamente con eso nos aliviaría la situación”.

Ante la escalada del dólar y la posibilidad de exportar sus lanchas, el empresario recuerda lo que le sucedió hace algunos años cuando un importador brasileño se mostró interesado en llevar sus productos al país vecino.

“Cuando sacamos el modelo Cuddy y el Malecon, una persona que fue proveedor de los botes de goma en los Juegos Olímpicos de Río 2016, se interesó por llevar nuestros botes a Brasil. Nos dijo que le vendieramos los diseños, las matrices o directamente los compraba”. Ante ello, el empresario inicio todas las gestiones tendentes a lograr las ventas.

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Sin embargo, la burocracia lo superó y no pudo llevar sus lanchas al país vecino. “La verdad, nunca perdí tanto tiempo en mi vida para nada. Desde el hecho de que al exportar tenes que tener el doble de dinero en una cuenta internacional, además de que era en la época en que se ponía el precio en un dólar de alrededor de nueve pesos pero el valor del dólar era de 13 o 14 pesos y cuando me depositaban me daban un dólar de nueve. A eso sumale toda la burocracia de Aduana, la cantidad de trámites que había que realizar consumen un tiempo que para un negocio como el nuestro es imposible. Terminé pidiéndole disculpas al interesado y diciéndole que si algún día iba para Brasil le vendería el diseño”, dijo Bonilla y sostuvo que “el sistema de exportación imposibilitó que mis productos lleguen al exterior”.

En otro orden indicó que “nosotros cumplimos con las normativas de Prefectura y nuestros clientes, cuando nos compran, saben que se llevan un producto confiable y seguro”.

De cara al futuro, este emprendedor que cuida todos los detalles de sus barcos cuenta que lo ideal sería, en las condiciones normales de venta, “poder contar que el año que viene voy a estar sacando un barco de siete metros, pero hoy la incertidumbre hace que no podamos programar nada a tres meses. Sin embargo apuntamos a seguir trabajando cada día más. Nos acomodamos ante cualquier circunstancia, porque queremos que este astillero siga para nuestros hijos, que nuestra marca se mantenga en el tiempo. Eso es lo que me enseñaron y lo que buscamos”.