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“Nunca encontramos coincidencias con el gobierno de Macri”

Miguel Ángel Sánchez vicepresidente primero de la ABIN

Sábado 26 de Octubre, 2019

El vicepresidente primero de la ABIN, licenciado Miguel Ángel Sánchez, en diálogo con Ser Industria, trazó un balance sobre la relación del sector con el gobierno que encabeza Mauricio Macri a lo largo de los últimos cuatro años. ”Dejan una Argentina más empobrecida, más débil y más endeudada”, afirmó.

El dirigente es sin dudas uno de los principales voceros de la industria naval, comprometido con el desarrollo de la producción argentina y la generación de empleo. Con mucho empeño y esfuerzo, logró conformar mesas de diálogo incluyendo a todos los actores del sector priorizando el interés nacional sobre cualquier otro valor.

SI: Usted es un dirigente empresario reconocido por su trayectoria a favor de la industria, cofundador de la Asociación Bonaerense de la Industria Naval (ABIN) e integrante de otras entidades como la Unión Industrial de la Provincia de Buenos Aires (UIPBA), la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina (ADIMRA)… ¿Qué evaluación hace tras casi cuatro años de gestión de Cambiemos?

MAS: Desde un principio hemos fijado nuestra posición ante cada uno de los temas que fue generando el gobierno actual desde su inicio. La conclusión es que nunca encontramos coincidencias con el gobierno de Macri. Puedo enumerar muchas cosas a las que nos opusimos: el ingreso de decenas de remolcadores usados apenas asumieron; la compra directa de embarcaciones para las fuerzas de seguridad y defensa; incumplimiento, con cualquier tipo de excusas, por parte del propio Poder Ejecutivo de una norma como la Ley de Compre Argentino a la hora de adquirir fuera del país lo que podemos hacer acá; la implementación como ley de una norma que en la práctica resulta insuficiente, inútil e inmerecida para el sector; la idea de construir un Buque Polar Argentino en el exterior sin ningún fundamento; las acciones contra un astillero como Río Santiago; la imposición de un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) para renovar la flota pesquera y últimamente, hasta la pretensión de imponernos arbitrariamente límites de esloras y reducciones de aranceles para facilitar el ingreso de barcos importados, los que sabemos, queremos y podemos construir en nuestro país, accionando cadenas de valor y generando empleo acá, que tanto falta. Porque la industria naval al igual que otros tantos sectores industriales, laborales, regionales y en general, la población argentina misma, hemos sido perjudicados de una u otra forma. Esta tercera oleada anti industrial sufrida por nuestro país en apenas 43 años no es casual ni improvisada sino todo lo contrario. Los hechos, no los discursos, son contundentes. Los números y las estadísticas, incluso aquellas de origen oficial, demuestran y evidencian el daño sufrido por todo el tejido productivo y social argentino en éste período.

SI: Mencionó el DNU del programa de reconversión de flota pesquera. En esas negociaciones, a principio de año, su cámara fue la primera que firmó en disidencia con respecto a la cuestión aranceles e importaciones, logrando incluso que las demás entidades del sector (FINA, CASIN, CINA) acompañen la posición de ABIN. ¿Qué sucedió realmente

MAS: Respetamos las posiciones del sector pesquero argentino en las negociaciones mantenidas durante casi todo el pasado mes de febrero. Pero también fuimos y somos muy concretos en nuestras posiciones. Desde un inicio el ministro de Producción y Empleo nos dijo que tenía órdenes del Presidente de la Nación para desarrollar todas las negociaciones necesarias en pos de lograr un acuerdo en el que ningún sector quedara excluido. De hecho, nos dijo: “queremos sacar este DNU antes del inicio de las sesiones parlamentarias y por unanimidad, con que uno sólo esté en desacuerdo, no sale”. Pero no fue así. Incluso, algunos funcionarios del gobierno prometían que el tema de los aranceles se iba a negociar más adelante, pero eso jamás sucedió. Nunca convocaron para su tratamiento. Nuestra posición fue desconsiderada y firmamos en disidencia, en medio de fuertes presiones, porque entendimos que con ese DNU se vulneraba verdaderamente a nuestra industria. Luego, al menos nosotros, no asistimos a los actos hechos en la Casa Rosada, no estuvimos para las fotos y no deambulamos los pasillos del Congreso para lograr el apoyo de los legisladores precisamente a ese decreto.

SI: ¿Esta posición adoptada tuvo consecuencias?

MAS: Sí, claro. Pensar y opinar libremente y diferente tiene sus costos, pero mucho peor es renunciar a nuestras convicciones y responsabilidades. Al poco tiempo el gobierno se acordó de conformar la Comisión Asesora de la Industria Naval en base a esa vergonzosa norma llamada Ley de Industria Naval, hecha tras el veto del Presidente a 30 de los 38 artículos que habían sido aprobados por las cámaras legislativas, entre ellos aspectos fundamentales para el sector. Para un país marítimo y fluvial como el nuestro denominar ley a eso que quedó en 8 artículos es una afrenta lamentable y la rechazamos también. Por eso, se conformó esa comisión y nuestra entidad quedó “casualmente” afuera, por supuesto. Aunque la verdad es que si hubiéramos sido convocados tampoco hubiéramos participado ya que ser parte, hubiera sido aceptar y avalar la norma y las políticas negativas que se han aplicado contra nuestro sector.

SI: ¿Qué sucedió ahora con el tema de la reducción de aranceles para importar barcos pesqueros de España?

MAS: Fuimos los primeros en advertir las manifestaciones del presidente de la Xunta, publicadas en los medios periodísticos gallegos, pero no en los medios argentinos. Tras las negociaciones con funcionarios de nuestro país, explicaba haber acordado la baja de los aranceles argentinos y la construcción en España de la nueva flota pesquera que operará en nuestro mar y explotará nuestros propios recursos. Inmediatamente nos contactamos con los funcionarios responsables a nivel nacional reclamando que el gobierno rectificara o ratificara tales manifestaciones.

También sostuvimos y sostenemos que el gobierno debe abstenerse de tomar semejantes medidas en medio de un marco electoral tan trascendente como el que vivimos y dado el fuerte impacto de éstas acciones contra nuestra industria. En éste contexto, el cinismo del ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca argentino es increíble porque al mismo tiempo que venía a la botadura de un barco en un astillero de Mar del Plata, mantenía reuniones para acordar la importación y la baja de aranceles de barcos hechos en el exterior.

Y, como si todo esto fuera poco, sacan la Resolución 194 que habilita a los barcos importados a aumentar en un 15% su capacidad de pesca, improvisando aspectos no incluidos en aquel DNU y alterando todo incentivo para construir en Argentina. Nos quieren hacer creer que dentro de un mismo Poder Ejecutivo hay ministerios buenos y malos para la industria naval. Algunos por inocentes o por lo que sea, incluso ya lo creen. A esto, se suman aquellos otros que dicen, pero nunca fundamentan, que en Argentina no podemos hacer tal o cual barco. Esto es como si creyéramos que el sector pesquero español es mejor que el argentino por el simple hecho de que ellos llevan siglos desarrollándolo y nosotros apenas décadas. No es así. La calidad de nuestras empresas y las tripulaciones pesqueras son de las mejores en el mundo.

SI: ¿Cómo sintetizaría la situación actual de la industria?

MAS: Dicen que en las primeras décadas del siglo XIX, en un acto industrial se podía leer en un cartel: ‘Cada peso invertido en la compra de productos extranjeros es un peso restado a los obreros del país’. Han pasado varias décadas y ese cartel debería estar colgado en los despachos de varios funcionarios e incluso dirigentes también. Hoy, todos los sectores industriales muestran caídas interanuales en sus niveles de producción; las exportaciones MOI no crecen y el mercado interno se ha deprimido vertiginosamente.

Las empresas argentinas soportan una presión fiscal e impositiva sin comparación, no tienen créditos ni subsidios, son sometidas a desventajosas condiciones de competitividad.

Ha pasado un tsunami que arrasó con nuestras Pymes y nuestras regiones, que no sólo ha generado quebrantos, desocupación y precarización, sino que también deja una industria maltratada, con una capacidad ociosa en niveles pocas veces vistos. Nos dejan una Argentina más empobrecida, más débil, y más endeudada. La deuda argentina ya superaría el 110% del PBI, dato curioso éste cuando las propias normas del FMI establecen que el nivel de deuda de los países emergentes no debe superar el 70% del PBI para ser considerada como “sustentable”.

Entonces tenemos que definir urgente una agenda que ponga en marcha acciones a favor de la producción, el consumo y el empleo en todo el país y en el corto plazo, articulando entre los sectores privado y público, potenciando nuestras regiones y donde todos los actores del sistema productivo nacional sean verdaderos protagonistas y no meros espectadores. Para sostener un desarrollo económico y social equitativo e inclusivo, Argentina tiene que lograr divisas y para ello, sin dudas, la industrialización y la educación tienen roles imprescindibles. Esa agenda puede consensuarse también por medio de un acto eleccionario. Por ello, deposito mi confianza en este sistema democrático y en la participación ciudadana.