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“Tres cuartas partes de la carne en la góndola se reparte entre el Estado y la comercialización”

Miércoles 27 de Enero, 2021

En poco más de un año de su asunción, el gobierno que encabeza Alberto Fernández, revivió el conflicto con el sector agropecuario que caracterizó las presidencias del kirchnerismo. El intento de estatizar Vicentín, los proyectos para controlar los precios de la carne, más las idas y vueltas por las exportaciones del maíz, son algunos de los ejes de esta nueva disputa de la que nadie puede predecir cómo será el final.  

La tensión entre ambos sectores crece día a día y así lo reflejó Adela Nores, delegada del Distrito III de la provincia de Buenos Aires de la Sociedad Rural Argentina, quien realizó duras críticas a las políticas que lleva adelante la coalición Frente de Todos.

En diálogo con Ser Industria Radio, la dirigente, que suma más de 40 años como productora rural, mandó a estudiar al ministro de Agricultura, Luis Basterra, para que evite tomar medidas que ya han fracasado y señaló que el campo argentino vive con mucha incertidumbre por las decisiones que puede llegar a tomar el poder Ejecutivo. 

Hubo un fuerte aumento del precio de la carne en diciembre. ¿Qué puede pasar, tanto en el orden interno como internacional. este año?

La carne ha ido aumentando porque es uno de los pocos productos que el gobierno no puede controlar todavía y porque si lo hace se empieza a distorsionar el mercado internacional. Argentina está exportando bastante carne, entonces si el gobierno trata de controlar ese mercado puede llegar a perder mucho dinero y el país puede llegar a quedarse sin carne. Si se vuelve a medidas como las que tomó Néstor Kirchner, de cerrar mercados de exportaciones, lo más probable es que los productores vendan o reduzcan la cantidad de cabezas. Luego de que Kirchner tomó esa decisión, nos costó muchísimo trabajo, tres años mínimo, reponer algunos planteles y muchos no se han repuesto todavía. Si han visto algo de historia, este gobierno no puede volver a cerrar las exportaciones porque nos va a pasar lo mismo y terminan perjudicando a los consumidores argentinos que en este momento todavía pueden gozar de una cantidad de carne que no se come en ningún otro país del mundo. 

¿Ustedes no perciben un horizonte claro?

La incertidumbre es muy grande. Todos los días estamos viendo fuegos artificiales de nuevas medidas, decretos… Los productores y la gente del campo estamos mirando lo que va haciendo el gobierno. Estamos nerviosos y alterados por este problema y esperemos que el mercado de la carne se estabilice lentamente. Por supuesto que, en un contexto inflacionario como este, donde ahora ya aparecen cifras como del 36% de inflación anual del 2020, es lógico que la carne haya subido. Pero el productor no recibe el valor que paga la gente por la carne. En realidad, lo están recibiendo el Estado en impuestos, los intermediarios, los transportes. Tres cuartas partes de la carne en la góndola se reparte entre el Estado y la comercialización. Con suerte el resto llega al productor. No vamos a poder modificar el precio de la carne ni congelarlo, porque eso es como parar el agua con la mano. ¿Si hay una inflación del 40% cómo lo van a parar? 

Empezamos el año con dos aumentos del precio del combustible. ¿Cuánto incide en la producción del campo?

El combustible tampoco puede dejar de subir, viene de contratos internacionales globalizados. El presidente de YPF, Guillermo Nielsen, se tuvo que ir porque no podía contener el balance entre los dos precios, el interno y el externo. El precio de la nafta pareciera que es muy barata comparada con lo que tendría que venderse. El combustible nos va marcando la inflación. Todo el país está encerrado en una pandemia que pareciera no tener fin desde los ojos del Gobierno. ¿Si no trabajamos como vamos a hacer dinero? ¿Cómo vamos a hacer para producir la plata que se necesita para mantener a más del 40% de la gente de Argentina que no trabaja?

Con tantos controles e intervenciones, ¿el campo está en cierta forma estatizado? 

No, el campo no se puede estatizar como quien estatizó YPF o una empresa grande. Sigue en manos de los productores. Pero es verdad que está muy condicionado por la enorme cantidad de impuestos que los sucesivos gobiernos populistas nos han obligado a tener. Los derechos de exportación no los tiene ningún país. Los productores estamos encargados de sostener todo ese gasto público imparable que tiene este gobierno. Por más que aprieten a menos de la mitad que produce, no se puede exprimir más la naranja, el campo no es una vaca cósmica como para seguir ordeñando toda la vida. Produce lo que da la naturaleza, con las sequías, los incendios, todas estas cosas no es que solamente atacan al campo, sino a todos. Si no entendemos que estamos en un contexto en el que todos tenemos que ayudar, colaborar y aportar, no vamos a vivir en un país si no en dos países como pretende este Gobierno. Una parte exigiendo y la otra sudando la gota gorda. 

¿El gobierno debería cambiar su visión?

Cada intento de meterle la pata al campo por encima de lo que es la realidad se ha vuelto en contra. No sólo porque la gente sale a la calle, sino porque lo dicen los números. El Gobierno tendría que preocuparse en hacer empresas donde la gente pueda trabajar, es lo que hacen todos los gobiernos cuerdos. El país no da más para que sigamos subsidiando, hay que trabajar. Pretenden meternos a todos en nuestras casas para que no trabajemos. Es un absurdo, igual al absurdo que hizo Kirchner de meter la cabeza como avestruz en el suelo cuando cerró la exportación de carnes para que los argentinos comieran. ¿Comieran qué? Siguieron comiendo igual y el país se quedó sin un tercio de sus vacas porque no valían nada.

A su criterio, ¿qué tipo de decisiones hacen falta?

Necesitamos medidas que apunten a hacer una integración para dar más trabajo en todas las zonas rurales. Hay que hacer que las escuelas rurales sean centros de educación y dispersión de conocimiento sobre el campo, porque para eso fueron hechas. Una de las luchas que tenemos es poner conexión de wifi en todos los colegios rurales del país, para lograr que la educación llegue del mismo modo a todos los chicos y chicas que estudian. Ese sí sería un programa en serio, que generaría puestos de trabajo, porque donde hay internet surgen las miniempresas. Debemos conseguir que toda la red de cableado que intento poner Macri se distribuya bien y se implemente en todo el interior argentino. Al campo le haría muy bien tener más conexión porque estamos trabajando con muchísima necesidad de conexión. Desde la siembra hasta la fumigación se hace con internet. Hay mucho por hacer en el interior y sin grandes gastos. Congelando las tarifas de telefonía no se logra que las empresas inviertan en más torres de comunicación. 

En cuanto a las exportaciones de maíz, en las últimas semanas hubo decisiones controvertidas desde el Gobierno. ¿Cuál es la postura de la Sociedad Rural? 

Pasa lo mismo que con la carne. Estamos todos los días viendo que se le ocurre hacer al gobierno, cuál es el fuego artificial que hay que salir a apagar hoy, mañana. El Gobierno decidió bajar el precio del maíz para que los feedlot lo tuvieran más barato para tener más carne y bajar el precio, pero eso no es tan fácil. Entonces tuvo que volver para atrás y lo hizo mal. En este momento propuso crear un fideicomiso, por suerte todavía no lo han reglamentado. El fideicomiso es un lugar donde se deposita dinero para trabajar a largo plazo. Pero… ¿Quién va a poner ese dinero? Los productores de nuevo. ¿Quién puede creer que los productores de maíz van a querer poner dinero para que el Gobierno le diga cuándo pueden vender y a quién? No creo que esa idea tenga un final feliz. Lo peor es que la solución intermedia que han planteado, es favorecer a algunos de los exportadores que son afines al Gobierno para que ellos sí puedan vender granos a fuera y limitar a los otros, con lo cual están implementando una guerra interna parecida a cuando tuvimos el control de los mercados de granos. Eso fracasó estrepitosamente y los que salimos perdiendo somos los argentinos. 

¿Lo hablan con las autoridades?

El ministro de Agricultura, es una persona muy educada y trata de ver los problemas. Pero no entiendo cómo se le puede haber ocurrido semejante cosa absurda cuando ya la vio. Que se fije en la Junta Nacional de Granos, que resultados tuvo. Es algo que en la facultad se lo enseñaron, por ahí tiene algún apunte y puede entender lo que está haciendo. Estas ideas absurdas, tratando de quedar bien para el bombo populista, no hacen más que dañar todo el sistema productivo que es lo necesitan para ingresar dinero. No se entiende como varias de las personas educadas que hay en el Gobierno pueden largarse a decir semejantes cosas. Parecen Kicillof, que es un tipo poco educado y dice cosas increíblemente risibles, que demuestran una falta de cultura insólita. Pero todo el Gobierno no es como Kicillof. Hay mucha gente muy capaz y tienen que pensar bien, leer un poco de historia.

 

Mucha se habla de la falta de un plan. ¿Qué piensa usted?

Este gobierno llegó a gobernar sin ninguna orientación fija hacia donde quieren ir. La única que sabe lo que quiere es Cristina, que quiere que le perdonen todos los juicios y es lo único que está avanzando, porque es la única que se puso a pensar antes. Pero no es tiempo de pensar ahora, tenían que haber pensado antes. Como Joe Biden en Estados Unidos que ya tenía sus carpetas y los decretos firmados antes de asumir. ¿Acá cuántos años vamos a esperar para que aprendan cómo se gobierna? Eso también va para la oposición que en este momento deberían poner las barbas en remojo, estudiar qué se puede hacer para mejorar el país y la convivencia de los argentinos. Planear ya un posible recambio de política, prepararse para gobernar. Lo que estamos viendo es que, por pelearse por las elecciones, no se han preparado para gobernar y es difícil sacarles ideas, hay pocos que tienen la práctica. Creo que Patricia Bullrich tiene ideas, porque viene de una práctica intensa de la política, pero hay que estudiar cómo salir a flote. La oposición y el gobierno tienen que trabajar juntos en un proyecto que piense en el futuro de todos.

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