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Una pérdida importante

Darío Ríos

Por

Lunes 26 de Abril, 2021

La sorpresiva muerte del ministro de Transporte de la Nación, Mario Meoni, causó un fuerte impacto en el Gobierno, pero también en el ámbito político, el sector empresarial y los sindicatos. Es una pérdida importante.

Desde el inicio de su gestión puso mucha energía en llevar adelante proyectos muy importantes para el país, como la nueva concesión de la Hidrovía Paraná Paraguay y la construcción del Canal de Navegación Magdalena. Pero también dedicó mucho tiempo a recorrer los puertos, para adecuarlos a los requerimientos actuales, sin descuidar los aeropuertos, la recuperación de vías ferroviarias y el desarrollo de la intermodalidad logística.

Fue un hombre comprometido con su tarea, que se desempeñó como concejal, diputado provincial y fue elegido en tres oportunidades consecutivas como intendente de su municipio, Junín. Quizás el recorrido por diversas responsabilidades del estado, lo haya templado para convertirse en un hombre de diálogo que no se mezcló en discusiones estériles ni grietas paralizantes.

Tal vez este accidente trágico, abra un espacio de reflexión a otros dirigentes y les dé una señal que puedan aprovechar para salir de la mediocridad.

Que los ayude a entender que, en estos tiempos duros en los que perdemos seres queridos, a quienes en muchos casos ni pudimos ver en el último año ni despedirlos, sus vanidosas peleas desmejoran nuestro ánimo y agotan las expectativas.

Las cifras de la pandemia, nos obligan a repensar qué estamos haciendo con nuestras vidas y nuestras decisiones.

Transitamos 2021, un año de elecciones. Pero más allá del acto cívico de poner la boleta de un partido político en la urna, debemos profundizar sobre la capacidad de elegirr que tenemos todos y en cada minuto de nuestra existencia.

No hay tiempos más claros que los actuales para comprender que de nada nos sirve volcarnos a dar peleas intrascendentes o acumular bienes materiales. Porque, más que nunca se evidencia que somos mortales. Los hechos nos muestran que ninguno de nosotros sabe hasta cuándo caminará sobre la Tierra.

Por eso tenemos que elegir dejar de agredirnos, lastimarnos,

echar culpas, burlarnos de las leyes y las normas de convivencia y de emergencia ajustadas a lo que nos toca enfrentar. También, dejar de amontonar objetos que le pueden faltar a otros.

Pero fundamentalmente y esto no compete a todos, gobernantes, dirigentes, docentes, comunicadores, ciudadanos, tenemos que dejar de sumar angustia al trágico escenario que nos presenta la pandemia.

Podemos, por el contrario, tomar decisiones en libertad con responsabilidad y respeto. Optar por ser solidarios y no indiferentes.

Construir una sociedad, una verdadera Nación inclusiva. Dejar de dinamitar las bases que nos quedan, alimentando odios y desconfianza.

Estamos atravesando una tormenta indescifrable y nadie sabe cuánto va a durar. El 30 de abril, seguramente, se anunciarán medidas de mayor control, imprescindibles para bajar la curva de contagios, que estresan la capacidad de respuesta sanitaria y provocan más muertes.

Queda en nuestras manos. En la medida que no extrememos la tolerancia, abramos los ojos, oídos y mentes, seremos nosotros mismos quienes nos condenemos.

Y nos seguiremos alejando de toda posibilidad de reconstruir lo que alguna vez fue un país capaz de generar bienestar para sus habitantes, atrayendo a soñadores y emprendedores de todo el mundo.