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Una PyME mendocina produce frutas deshidratadas de excelencia y se prepara para exportar

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Martes 24 de Mayo, 2022

A lo largo y a lo ancho de la Argentina hay hombres y mujeres que trabajan la tierra con entusiasmo y en procura de mejorar permanentemente la calidad de sus productos. No se rinden ante las adversidades climáticas, las crisis económicas recurrentes. No se excusan por las derivaciones de la pandemia o la invasión rusa a Ucrania.

Por el contrario, apelan a todas las herramientas que tienen a su alcance para hacer en forma silenciosa, día a día, más grande al país generando trabajo. Uno de ellos es Álvaro García, empresario y productor, que lleva una década al frente de “Frutas deshidratadas Don José”.  

Desde la árida Bowen, localidad situada a 17 kilómetros de General Alvear, provincia de Mendoza, conduce este emprendimiento familiar. A sus 34 años, contó con orgullo y entusiasmo a Ser Industria Radio detalles de la elaboración de éstos productos de excelencia que comercializa en buena parte de la geografía argentina y espera volver a exportar.

¿Cómo sinterizarías la actividad que desarrollan?

Don José es una empresa familiar, soy tercera generación. La empezó mi abuelo José Francisco García en 1949, de ahí viene la marca. En la zona tenemos ciruela, durazno, damasco, pera, tomate, pasa de uva. Tras ser cosechada, la fruta entra a la planta y se coloca en paseras, se deshidrata en hornos o en playas, dependiendo la época. Si se trata en el horno tiene aproximadamente de 60 a 80 horas desde que sale el primer carro. Todos depende también del clima. Una vez que sale de ahí se deshidrata y la vamos acopiando en bins grandes que vamos guardando en galpones. Una vez que terminamos todo lo que es la elaboración la fruta se vuelve a rehidratar. A las que corresponde se les saca el carozo. La época de elaboración arranca en diciembre y termina en abril y la venta se realiza durante todo el año

Lo bueno que tiene esto, es que en pocos kilos mantiene la misma proporción de una fruta, son productos predominantemente naturales y seguimos conservado la calidad que nos identifica.

¿Hay una relación directa entre el peso de la fruta y el volumen final producido?

No, en la ciruela la relación de 3 kilos de fruta fresca, se produce finalmente uno. Si se mantienen la fibra y las propiedades, en todos los casos.

¿Cuántas personas trabajan?

Nuestro plantel permanente es de 12 personas. En la temporada, depende de la cantidad de frutas que se vaya a trabajar, porque los volúmenes de producción de la zona no son constantes. En temporada siempre hay dos turnos, hemos hecho hasta tres y llegamos a sumar entre 24 y 30 personas, porque una vez que se encienden los hornos no se paran.

¿Cómo es el clima en Bowen?

Estamos al sur de Mendoza con un clima árido y una gran amplitud térmica. Tenemos veranos de 40 o más grados e inviernos con temperaturas bajo cero. Estas condiciones proporcionan a las frutas un sabor y un tenor azucarino bastante alto, exclusivo de la región. Aquí se produce la mayor cantidad de ciruelas D´agen. La calidad de nuestras frutas es inigualable por sabor y textura. Todo eso tiene que ver con el clima y el hecho de que regamos las plantas con agua de deshielo de la cuenca del río Atuel.

En esas condiciones las plantas deben requerir cuidados especiales…   

Sí. Nosotros, además de hacer la hidratación de la fruta, tenemos un monte de ciruelas. Una vez que se pone una planta en tierra, hay que esperar seis años para la primera cosecha. En ese tiempo vamos haciendo cuidados específicos para lograr una fruta de mayor tamaño, con buenas podas, buenos raleos y una buena fertilización.

¿Cómo influye para ustedes el cambio climático sobre las nevadas y el río Atuel?

En la provincia tenemos un problema hídrico bastante grande ya que debido a estos cambios no ha nevado lo suficiente. Entonces los diques, como el Nihuil, que es una de las reservas que tenemos para regar, están muy bajos. A esto se suma que en la zona cada vez hay menos productores y más fincas abandonadas. Nosotros regamos por canales y las fincas abandonadas implican problemas, porque falta limpieza y optimización de los canales. Esas dificultades las padecemos desde hace años. Los productores que seguimos en la zona, tradicionalmente regamos por canales, pero ahora la mayoría se está tecnificando, porque es la única posibilidad que permitirá mantenernos en el tiempo. Es un desafío importante que implica un cambio de mentalidad, porque cambiar por un riego por aspersión o subarbóreo cuesta bastante por hectárea y no todos los productores estamos en condiciones de hacer la inversión.

Para afrontar todas estas variables incontrolables. ¿Hay alguna ayuda financiera del estado?

En función del clima, acá se usa mucha tela antigranizo y hay financiación. El estado también ayuda para los plantines. Estamos tratando de conseguir financiamiento para el cambio del riego, porque tener aspersores, nos permitiría, además, combatir la helada, ya que, al tener los cultivos mojados en los momentos de baja temperatura, podríamos salvar algo de la producción. Acá hay fincas muy pequeñas, de 2, 5 o 10 hectáreas y a ese productor le cuesta mucho llegar al financiamiento. Hay líneas, pero se nos hace difícil acceder por los volúmenes que manejamos.

Sin dudas hay muchas dificultades. ¿Qué te motiva para seguir con este emprendimiento?

Por un lado, la pasión, que ya viene de familia. Además, ver crecer las plantas, el contacto con la naturaleza y el sacrificio de tantos años, hace que en los momentos difíciles uno piense en mejorar y llevar adelante la empresa. El otro punto es la rentabilidad, que se pone muy difícil en el momento que estamos atravesando. Si se alinearan estos factores, mucha gente seguiría trabajando. El tema de la rentabilidad es el que más desalienta, porque cuando la producción se relaciona con una inversión grande, se hace complicado y la gente va abandonando.

¿Ves posibilidades de aumentar la producción y generar más empleo?

Sinceramente, en los últimos años, por tener malas producciones, hemos trabajado con una capacidad ociosa bastante amplia en la planta. Pero siempre estoy mirando cómo crecer. Desde 2006 no exportamos. Hoy, nuestros mercados más fuertes son Córdoba, Santa Fe, Buenos Aires, Neuquén, Santiago del Estero, Salta y Jujuy. Como el mercado interno está bastante complicado, estamos analizando volver al externo, principalmente a Brasil que nos compraba ciruela D´agen. Siempre está latente este tema, porque abrir otros mercados nos va a permitir crecer.

¿Tienen relación con productores chilenos?

Nosotros sabemos ir a un Chile para participar de cursos. Ellos siempre están innovando. Es un país que tiene muy diversificadas la producción, exportación y comercialización. Tienen claro que hay productores, la industria que agrega valor y comercializadoras. Cada uno cumple un rol. Acá tenemos que hacer de todo un poco. Pero nosotros tenemos herramientas muy buenas, un buen producto y falta un poco más de unión que se está dando ahora en el sector para mejorar lo que hacemos. Siempre es bueno visitar al país vecino porque trabajan muy bien.

¿Hay buena sintonía entre los productores?

El año pasado se armó un clúster de ciruelas y al sector le vino muy bien, porque San Rafael y General Alvear son los mayores productores a nivel nacional. Don José, viene trabajando desde hace más de 20 años con los mismos productores y eso sostiene una cartera de la zona que sigue teniendo ocupación. Darle un valor agregado a la fruta es excelente porque desde el 83 hacemos fruta deshidratada y la vamos mejorando, La calidad es buena por los volúmenes que manejamos y por la selección que hacemos en la planta. Eso nos permite tener un buen producto que el mercado valora y nos mantiene vigentes.